Usos ligados al medio natural en el t.m. de Estepona: Aprovechamientos forestales, ganaderos y arrieros.


Fotografía: Antonio Nogales Calzado ( Derechos Reservados )
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La importante superficie forestal de Estepona ha motivado desde muy antiguo que la explotación de los recursos que ofrecen los bosques haya tenido un importante lugar en el conjunto de la economía local.
Quizá el aprovechamiento originario de los bosques más característico haya sido la caza, que gracias a yacimientos arqueológicos próximos puede ser caracterizada desde muy antiguo, en torno a 30.000 bp (before present, antes de hoy).
Los bosques parecen haber provisto de presas grandes (osos, ciervos, cabras montesas, caballos, etc.) a las poblaciones humanas de esta región hasta tiempos relativamente recientes. Según "El Libro de la Montería" de Alfonso XI, durante su reinado se podían cazar todavía osos, ciervos y jabalíes. La progresiva fragmentación del hábitat desde el neolítico convertirá a la caza en un recurso secundario, pero que aún así tendrá especial importancia en épocas de crisis, como la última guerra civil.
Sin embargo, el uso que realmente ha venido manteniéndose a lo largo de la historia con gran incidencia en el modelado del paisaje y de la cultura locales, ha sido el del empleo del material vegetal leñoso como fuente energética, tanto para el consumo doméstico como, y de forma muy especial, para determinadas industrias. De hecho, la minería ha supuesto desde muy antiguo un fuerte consumo de leñas que han tenido como resultado un notable impacto en los bosques, denunciado generalmente por la magnitud de los aluviones en los ríos, pero también por algunos escritos y documentos históricos.
Por ejemplo, se conoce que la producción de plata decae bruscamente en el s. II d.C., debido a la carencia de combustible. Según Bauer Manderschied (1980), en esta época se consumió el 50% de los bosques de la región. Otro momento industrial que supuso un fuerte golpe a los bosques en su papel de proveedores de combustible fue el intento de industrialización minera del s. XIX. Las ferrerías de Júzcar y Marbella consumieron buena parte de los bosques locales, generando una etapa regresiva en los mismos que aún perdura.
Pero no todo el uso energético de los bosques ha estado relacionado con actividades extractivas o transformadoras. Buena parte de este uso ha tenido como destino, hasta épocas muy recientes, los hogares de la región.
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Así, la obtención de leñas y carbones figura entre los aprovechamientos forestales más importantes, si se tiene en cuenta que no será hasta bien entrado el s. XX, cuando los derivados del petróleo y la energía eléctrica desplacen a estos productos forestales como primer recurso energético del municipio.
De hecho, y aunque la recogida de leñas estaba controlada, el carácter de "monte de propios" de Sierra Bermeja ha favorecido el aprovisionamiento de los pobladores locales del combustible necesario para sus hogares, aunque, con el devenir del tiempo, la comodidad de adquirir carbón vegetal en el propio casco urbano favorecerá un mayor desarrollo de esta especialidad forestal. El carboneo será una actividad constante durante los últimos siglos y hasta el s. XX. Por lo que se conoce de la tecnología tradicional empleada habitualmente es muy probable que no hallan llegado hasta la actualidad elementos característicos de la misma. En efecto, los troncos o tueros destinados a ser carboneados esperaban a la intemperie acumulados en las leñeras a que se secasen lo necesario para obtener un buen carbón. Posteriormente, se armaban las carboneras y los boliches, edificados directamente con los tueros, o con ramón seco para la obtención de chisco, cubriéndose posteriormente con tierra y dejando los orificios necesarios para poder encender el fuego y permitir que éste se oxigene. Una vez carboneados los troncos, se retiraba la tierra y se ensacaba el producto, listo ya para su distribución y venta.
No obstante, existen unos elementos muy característicos de determinadas áreas serranas cuya interpretación acerca de su utilidad aún está en discusión. Se trata de pequeños cercos de piedra con una angosta entrada que bien pudieron ser cabañas de pastor o alfanjes para el carboneo.
La misión del alfanje sería, por un lado, evitar la propagación de incendios en caso de derrumbe del boliche, y, por otro lado, favorecer la recogida del carbón o el picón. El hallazgo de elementos muy similares de grandes dimensiones orienta más hacia otro uso característico de las cumbres, como la recogida y conservación de nieve, pero aún es pronto para aventurar un uso para estas construcciones típicas, siendo incluso probable que los tres tipos de uso hayan coexistido generando unos restos muy similares.

Fotografía: Gerardo Galán
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Respecto al uso de los bosques como fuente de maderas, los bosques de Estepona han surtido a las distintas poblaciones asentadas en su territorio desde antiguo.
Momentos en los que el aprovechamiento de las maderas ha tenido una relevancia especial pueden ser la época romana, con un empleo masivo de este material tanto en construcción civil como en ingeniería militar y naval, y, muy especialmente, en la época Moderna, tiempos en los que se inscribe la gestión de los montes por parte de La Marina. El auge de la actividad marítima en general (pesquera, mercante y militar) supone una importante demanda de maderas de calidad que obliga a una gestión específica.
De esta forma, buena parte de los montes madereros del litoral marítimo pasan a tener una gestión centralizada que, aunque consigue buenos rendimientos, está muy lejos de ser un tipo de gestión integral capaz de mantener y mejorar el recurso. Y ello a pesar de que existían disposiciones a tal efecto, como la que obligaba a pedir permiso por cada árbol a talar y la obligación de restituir el árbol talado con tres nuevos pies plantados.
Aún así, el paisaje vegetal de Sierra Bermeja y su piedemonte experimentará un progresivo cambio en su composición, pues son los robles (quejigos), los nogales y los castaños los árboles más apetecidos en detrimento de los pinos, de tal forma que en los recuentos realizados a mediados del s. XVIII, únicamente se contabilizan en el t.m. de Estepona, pinos negrales, pinos piñoneros y sauces, siendo anecdótico el número de alcornoques.
Es destacable el hecho de que muchos de estos quejigos y otros árboles eran ahormados en el propio monte antes de ser cortados. Para ello, se encorsetaba al árbol elegido desde joven en una jaula metálica con una forma determinada, de tal manera que al crecer, el árbol adulto tenía la forma de la pieza de madera que se necesitaba (por ejemplo, una cuaderna).
Aparte de la demanda naval, tampoco se puede olvidar el papel de los bosques durante la fiebre vitivinicultora, gran demandante de toneles, aunque pronto empezarán a importarse las barricas de roble francés o roble americano, al consumirse las producciones de quejigo locales.

Puerto pesquero de Estepona. Años 30.
Fotografía: Archivo Municipal de Estepona ( Derechos Reservados )
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Fotografía: Archivo Municipal de Estepona ( Derechos Reservados )
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A pesar de ser considerados como aprovechamientos "menores" dentro del elenco de usos forestales, la obtención de brea o pez ha sido una de las actividades que se ha mantenido durante más tiempo en la localidad.
La pez tenía múltiples usos: en agricultura, se empleaba para cubrir heridas en los troncos de los frutales causadas por animales o por efecto de la poda, o, para impermeabilizar los injertos; en las curtidurías, servía para impermeabilizar los odres y botas de cuero, o, en las tonelerías, para impermeabilizar los toneles; en las zapaterías, se usaba para unir suelas y sobresuelas en aquellos calzados de cuero destinados a trabajar en lugares húmedos; en la construcción, la pez era un elemento imprescindible para impermeabilizar las cubiertas, especialmente si éstas se construían con elementos vegetales; y, en las carpinterías de ribera, era el material insustituible con el que calafatear los barcos.
La obtención de la pez se lograba mediante la cocción a fuego lento de ramas y acículas verdes de pino, denominadas patillas en la región, y que dieron lugar a que los trabajadores dedicados a esta labor se conocieran como "patilleros".
La tecnología empleada durante los s. XVIII y XIX consistía, básicamente, en un cañón de metal en el que se cocían las patillas, a cuyo alrededor se edificaba en piedra un horno. A partir del s. XX se empieza a utilizar el cañón exento, de mayor longitud que el tradicional de los hornos de pez, y colocado de forma inclinada en vez de vertical. El fuego, en vez de proveerse con el concurso de un horno, se aplicaba justo debajo del cañón, en fogata abierta. Hasta hace muy pocos años, aún podía contemplarse un cañón de este tipo en la carpintería de ribera del puerto de Estepona.

Fotografía: José María Navarro
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Otra de las actividades forestales que han tenido un fuerte arraigo en Estepona ha sido el resinado de los pinos de Sierra Bermeja, dando lugar a la implantación de una industria dedicada al procesado de la resina o trementina. Si bien esta actividad vino desarrollándose durante el s. XVIII y XIX a pequeña escala, mediante hornos de miera tradicionales de destilación a vapor, será casi al empezar el s. XX, cuando La Unión Resinera Española (L.U.R.E., actualmente L.U.R.E.S.A.), empresa creada en 1.898, tendrá en Estepona una de sus factorías más importantes, que se comenzó a construir en 1.905 incorporando también una serrería y que estaría ubicada en la playa de La Boladilla. Hay que añadir que L.U.R.E. abordaba sus tareas de forma "integral", llegando a tener hornos alfares para la fabricación de los potes en los que se recogía la resina.
L.U.R.E. accedió a la propiedad de mucho suelo de pinar en Sierra Bermeja perteneciente a municipios vecinos, y consiguió el arrendamiento para la explotación resinera de varios montes públicos, entre ellos, el de Estepona. Al principio, la empresa desarrolló una intensa labor repobladora en el monte público de Estepona que supuso sólo cierta expansión de las masas forestales en Sierra Bermeja, pero empleando únicamente pino resinero (Pinus pinaster Ait.), con lo que se consolida el actual paisaje monoespecífico de Sierra Bermeja.
Otro subproducto forestal de capital importancia son los curtientes. La fuerte vocación ganadera del municipio, afianzada desde época visigoda, desarrollada en época árabe, y entronizada durante buena parte de la época moderna, favorecía una potente producción de cueros y pieles que, a su vez, favorecían extraordinariamente el comercio marítimo y terrestre, al dar posibilidad de exportar vinos, especialmente durante el s. XIX, y otros productos líquidos o semilíquidos (aguardientes, melazas, etc.) en odres.
No obstante, la producción de cueros dependía de la obtención de taninos empleados como curtientes. Estos taninos se obtenían principalmente de las cortezas de alcornoques, quejigos, encinas, y sobre todo, las abundantes coscojas.

Fotografía: Archivo FUNDES ( Derechos Reservados )
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Fotografía: Archivo FUNDES ( Derechos Reservados )
Aunque se conocen ánforas romanas taponadas con corcho, no será hasta el s. XVII cuando se emplee este material para el sellado de las botellas de vino. A mediados del s. XIX, el tapón de corcho y la botella de vino son un matrimonio indisoluble en buena parte de Francia, Italia y el norte ibérico, con la región catalana como principal productor.
El incremento de la demanda de corcho hará entrar en producción a buena parte de los alcornocales de Andalucía y Extremadura, anteriormente explotados como dehesas y con el corcho como producto secundario, dedicado fundamentalmente a la confección de colmenas y flotadores para las redes de pesca. El alto precio que obtendrá este material en el último cuarto de siglo supondrá una pequeña revolución en el piedemonte esquistoso de Estepona, que se consolidará tras la crisis de los viñedos.
De esta forma, los valles del Castor y el Velerín son "cultivados" con alcornoques que entran en producción a principios de s. XX y que, además, se pastorean con cerdo para aprovechar la bellota, además de con otros tipos de dientes. En los valles del Padrón, La Cala y Monterroso se opta por una regeneración menos intervenida que da como resultado un monte mixto de alcornoques y pinos pero que permite ciertas alegrías económicas mediante la venta del corcho a los pequeños propietarios. Sin embargo, la crónica ausencia de voluntad y capacidad inversoras mantendrán estos nuevos bosques faltos de la gestión adecuada favoreciéndose la invasión de los pinares y la cada vez más frecuente recurrencia de incendios forestales.
No obstante, este "resurgir" del bosque como medio productivo generará también el aprovechamiento de varios productos menores como las setas o determinados frutos silvestres (como los madroños) que en ciertos momentos y en algunos casos tendrán una importancia económica notable, logrando ampliar el ámbito de su explotación al monte público, mediante concesiones. Pero, a pesar de la importancia de estos aprovechamientos, quizá sea el uso de los bosques como área de pasto lo que mayor influencia haya generado tanto en el devenir histórico de la población de Estepona, como en el paisaje de su término municipal.

Fotografía: Javier Ocaña ( Derechos Reservados )
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El arraigo de la actividad ganadera en la localidad saldrá a relucir en muchos de sus momentos históricos más relevantes, como por ejemplo, la participación de la población de Estepona, defendida en la fortaleza del Nicio, en las revueltas lideradas por Ben Hafsun, o el largo contencioso de Marbella y Casares a cuenta del derecho de pastos en Sierra Bermeja defendido por los pobladores de Estepona, que se saldaría con el acceso al villazgo por el municipio esteponero.
La posibilidad que ofrece el sector forestal para albergar los usos ganaderos, hará que este binomio sea el predominante en la economía local hasta mediados del s. XVIII, siendo a partir de este momento cuando la agricultura empezaría a adquirir un carácter predominante gracias a la expansión del viñedo a costa de los bosques. No obstante, la ganadería pudo mantenerse durante la etapa vitivinícola gracias al abandono de muchos terrenos anteriormente cultivados con cereales, aunque, con la llegada del s. XX, inició su definitiva decadencia.
Aunque actualmente este sector económico esté atravesando un mal momento debido a sus dificultades para adaptarse al estricto y cambiante marco reglamentario europeo y al abandono que sufre desde administraciones más locales, continua siendo uno de los aprovechamientos más óptimos de buena parte del término municipal, sobre todo de todos aquellos suelos que requieren preservación por su valor natural o paisajístico.
Realmente, la vocación de casi dos tercios del municipio hay que buscarla en el aprovechamiento silvopastoral, algo que ha resultado evidente para buena parte de las poblaciones asentadas en el municipio a lo largo de su historia.
El desarrollo de la ganadería tuvo que ser bastante temprano en la región, pues en yacimientos arqueológicos se han encontrado huesos de cabras y ovejas con una antigüedad de 7.000 años (Yacimiento de Corominas). Se conoce también que los fenicios entre 2.800 y 2.600 años bp introdujeron el ganado porcino, y que entre 2.600 y 2.400 bp introdujeron también el ganado equino (asno y caballo), el bovino, así como los gatos y nuevas razas caninas. Los romanos, por su parte, desarrollarían notablemente la apicultura, una actividad de muy antigua tradición en la región.

Fotografía: José Aragón Bracho ( Derechos Reservados )
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Las distintas poblaciones africanas instaladas a partir del s. VIII, aunque más agrícolas que ganaderas, desarrollarían notablemente el sector, logrando nuevas razas adaptadas a las funciones requeridas por la nueva cultura agraria, que muy posteriormente se exportarían tanto al norte de áfrica como a buena parte de Europa, como las desaparecidas vacas serranas (o "morunas"), raza de triple uso (carne, leche y tracción) de pequeño tamaño cuyas razas actuales más relacionadas son la casi extinta "Pajuna" andaluza, segura heredera de la anterior y orientada hacia su uso tractor y la "Morena del Atlas" norteafricana de triple uso de origen ibérico. Las "Dexter-Kerry" irlandesas, también de triple uso puede que tengan algunos ascendientes en el tronco moreno ibérico, aunque descienden mayoritariamente del tronco negro atlántico.
Otra raza de notable interés es la oveja "merina", introducida por la tribu de los benimerines. También destacan las razas aviares introducidas por las tribus norteafricanas, precursoras de las razas típicas andaluzas.
Las poblaciones musulmanas, además, lograron un importante equilibrio entre la explotación de los recursos agrícolas, forestales y ganaderos, generando un sistema de gestión en el que también aprovecharon las circunstancias políticas, como la existencia de la frontera entre los reinos castellano y granadino, que dio lugar a un curioso sistema de arrendamiento de herbajes. Sin embargo, el auténtico despegue de la ganadería en el municipio llegará de manos de los castellanos y el poderoso Honrado Concejo de la Mesta de Pastores, que ven en los pastos de la húmeda serranía de Ronda un sustancioso "botín". Sierra Bermeja se surca con infinidad de caminos entre Estepona y Ronda que atraviesan los principales asentamientos humanos de los valles del Genal y el Guadiaro. Así, se instauran los caminos de San Roque, Casares, Igualeja, Genalguacil, Jubrique y Ronda, que irán complementándose a lo largo de los siglos venideros con nuevas trochas y caminos ganaderos.
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Sierra Bermeja entra pues en la órbita de la gran trashumancia como uno de los finales de la ruta ganadera y comercial de la Plata. Durante mucho tiempo, esta será la principal ruta de comercio y transporte ganadero de Estepona, lo que hará que la localidad tenga bastantes más relaciones con el Campo de Gibraltar y la comarca rondeña que con el resto de la actual Costa del Sol, hecho que se acrecenta por la animosidad que los vecinos de Estepona muestran hacia los de Marbella, ciudad a la que perteneció Estepona hasta 1.729, y a los que responsabilizaban de buena parte de sus males.
La inserción de la serranía rondeña en este eje ganadero ibérico tendrá una fuerte repercusión en la cabaña ganadera local.
A partir del s. XVIII pero fundamentalmente a lo largo de la primera mitad del s. XIX, nuevas razas de ganado se introducen en la localidad compitiendo con las ya existentes, desplazando a algunas o consolidándolas, en función de la nueva mentalidad "productivista".
Por ejemplo, y en el caso del ganado cabrío, la raza autóctona "malagueña", originada durante probablemente durante el medievo a partir de ejemplares autóctonos del grupo pirenaico y de ganado norteafricano (del tipo "maltés") terminará por imponerse a las nuevas razas importadas pero también a otras razas locales como las "granadinas", aunque no conseguirá desplazar totalmente a la "serrana" (o "payoya", como se la conoce en Cádiz, o "montejaqueña", denominación de la serranía rondeña).
En cambio, el ganado vacuno local sufre un fuerte revés. Las pequeñas vacas "serranas" (o "morunas") no alcanzan ni de lejos la elevada productividad láctea ni el tamaño para la producción cárnica de las nuevas razas introducidas. Será notable la implantación de la vaca "retinta", destinada a la producción cárnica en la zona, ya que su gran tamaño impide su aprovechamiento tractor en los escasos llanos del municipio, manteniéndose para esta labor a la más pequeña y austera vaca "pajuna" hasta los años 50 del s. XX.

Fotografía: Angeles Román ( Derechos Reservados )
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Pero el desarrollo ganadero tendrá una importante repercusión en otro sector bien diferenciado: la arriería. La necesidad de paso de los ganados generará a partir de la conquista castellana multitud de caminos que irán afianzando las comunicaciones entre Estepona y su entorno inmediato.
La precariedad de estos caminos, muchas veces inviables para el tránsito de ingenios rodados, favorecerá la persistencia del tranporte a lomos de bestia hasta bien entrado el s. XX, especialmente en las sendas que enlazaban Estepona con Jubrique, Genalguacil, Pujerra, Igualeja y Ronda.
A partir de la eliminación del "peligro morisco", las reatas de bestias cargadas atravesando Sierra Bermeja será una constante que no logrará aminorar ni siquiera el bandolerismo del s. XIX ni los maquis de la posguerra.
Además, la colonización de Gibraltar por parte de la corona británica supondrá un aliciente añadido para la persistencia de estas rutas comerciales, al poder optar a productos raros, inexistentes o excesivamente caros en el mercado español y generarse la figura del contrabandista.
Sin embargo, no hay que confundir al arriero con el contrabandista, siendo el primero un oficio que tendrá una influencia notable en el desarrollo de la economía esteponera, al poner en comunicación diversas zonas productoras con un fondeadero que, durante el siglo XIX y buena parte del s. XX, adquirió una notable importancia.
De esta forma, tanto productos frescos (frutas, hortalizas, etc.) como manufacturados (telas, cerámicas, ...) de buena parte de la serranía rondeña y, por supuesto, del propio municipio de Estepona, salieron de la playa de La Rada en dirección a diversos mercados nacionales (Cádiz, Málaga, ... e internacionales (Gibraltar y norte de Africa), donde a su vez podían ser embarcados hacia otros destinos (vinos a Gran Bretaña, frutas a Francia, etc.). También, las rutas se recorrían a la inversa, y desde Estepona llegaban a diversos puntos de la serranía pescado fresco, vegetales y manufacturas.

Fuente: Archivo Municipal de Estepona
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Fuente: Archivo Municipal de Estepona
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El volumen de mercancías favoreció el que Estepona dispusiera de un buen número de hombres dedicados a este trabajo, y, también, de una importante cabaña de burros y mulas, los dos tipos de animales más aptos para esta labor, lo que a su vez favorecía la presencia de herreros, talabarteros y otros profesionales relacionados con las caballerías, amén de los necesarios proveedores de forrajes y pastos.
La progresiva pérdida de importancia del fondeadero de Estepona conforme avanzaba el s. XX llevó a la extinción de la aduana de 3ª de la localidad a mitad de siglo, aunque aún se mantenía un volumen de transporte marítimo importante. En tierra, esta decisión administrativa supuso un fuerte varapalo para los arrieros, aunque durante un par de décadas más pudieron optar a trabajos relacionados con el mundo forestal, como la saca de leñas y maderas en Sierra Bermeja, medio en el cual las monturas seguían siendo imprescindibles.

BIBLIOGRAFIA:
Este artículo forma parte del trabajo, inédito hasta la fecha, titulado "Catálogo de bienes de interés etnológico del término municipal de Estepona" que ha sido elaborado por D.Torralba Portilla, I.Navarro Luengo, A.Galán Sánchez, F.Román Requena, J.R.Fernández Bravo, M.J.Platero Sánchez y P.Campuzano Fernández.

Archivo FUNDES
(Derechos reservados.)
20/01/2010 ( 263 visitas )
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Sobre el Autor:
Archivo FUNDES
Catálogo de Bienes de Interés Etnológico del T.M.de Estepona (Fundación FUNDES)

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