Los Baños de Casares, del Duque o de la Fuente Santa

Pese a los abundantes autores que citan estos baños como los utilizados por Julio César, o los que discrepan por pensar que debieron ser los de la Hedionda (próximos a Manilva), lo cierto es que no encontramos testimonio alguno que pruebe su empleo terapéutico en épocas remotas. Situados en la falda norte de Sierra Bermeja, en terrenos del duque de Arcos, no existe mención a ellos en las obras de Limón Montero o Gómez de Bedoya(1) y tan sólo Juan José García escribirá:
De las Aguas de Casares, assí llamadas, porque Julio Cesar recobró en ellas su salud, nada he leido escrito en nuestros Authores; y un Ungaro, que acabava de llegar en España, me preguntó por ellas, mostrándome á el mismo tiempo un author Francés, que las recomendaba, como las mas medicinales de la Europa.
En el último tercio del siglo XVIII aparecerán informes de vecinos de los baños con datos que demuestran que en esas fechas ya se estaba explotando el manantial. Así, por ejemplo, en 1773 Simón de Zamora, vecino de Genalguacil, escribe a Cristóbal Medina Conde, para su "Diccionario Geográfico del Obispado de Málaga", que las aguas de la Fuente Santa, pese a su escaso caudal, eran muy útiles en el mal de piedras aunque "... estan adulteradas... por los muchos conductos que han unido para acresentarla de donde le proviene el misto de otras aguas que le hacen no produsca los prodigiosos efectos que en el principio de su descubrimiento". Otros insisten en la infraestructura que se había desarrollado en torno a los baños: se construyó en 1757 una hospedería que constaba de 36 cuartos, 30 de ellos de cuatro varas cuadradas (16,7 metros de lado), cuatro de siete y uno con tres piezas de diez varas, a lo que resta añadir una sala para pobres y dos cuartos para hécticos. Además de los dos baños existía uno separado para enfermos contagiosos. La obra tuvo de coste 22.080 reales de vellón y el Duque de Arcos la adjudicó en 1760 al mayorazgo. En su proximidad había también una capilla bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores.

Fotografía: Javier Martos
(Hacer clic en la imagen para ampliar)
En 1798 Juan de Dios Ayuda, en su obra "Examen de las aguas medicinales de más nombre que hay en las Andalucías", describe el lugar e instalaciones sin el énfasis de los anteriores: existen tan sólo dos pequeñas albercas que comunican sus aguas, cubiertas de corcho (muy abundante en aquella zona); la hospedería, al otro lado del arroyo, tenía pocas habitaciones y mal equipadas y los bañeros eran empleados del duque. La guerra de Independencia llevó a la destrucción de la hospedería, estado en el que permaneció hasta se reconstrucción en 1848 a cargo del duque de Osuna, quien corrió con todos los gastos. En 1856 hubo que construir chozas, pues las 36 pequeñísimas habitaciones resultaban insuficientes. Se distribuían estas piezas formando dos cuadrados concéntricos entre los cuales quedaba un pasillo al que se le denominaba calle y al que abrían las puertas. El cuadrado interior circunscribía un pequeño patio que permitía la iluminación a través de un diminuto ventanuco, pues las habitaciones exteriores disponían de ventanas al campo. La mejor y más espaciosa era conocida, según Caballero y Amandi en su obra Monografía de las Aguas sulfídrico-alcalino-frías del Duque o fuente Santa, como "...la sala del Duque, aposento dedicado a S.E. por si alguna vez visita esta posesion". Nada había en ellas y el huésped debía de llevar colchón, ropas, útiles de aseo, utensilios de cocina, e incluso alimentos. Las chozas estaban ocupadas por los bañeros, vendedores y pobres de solemnidad. Entre fonda y ermita se encontraba una pequeña explanada empedrada donde se reunían al atardecer los bañistas, tras el acostumbrado paseo, para entretenerse con conversaciones, cantos y bailes. En la ermita, engalanada con ramajes y adelfas por los devotos, se ofrecía culto por un cura de Genalguacil o por alguno de los que se encontrase por esas fechas tomando las aguas.
El mayor inconveniente residía en la falta de abastecimiento de comestibles y en que los pueblos más cercanos, Genalguacil y Casares, quedaban lejos. Cuando la temporada de baños estaba en su punto álgido se establecía carnicería en la que se vendía chivo o macho castrado, así como leche y queso fresco. De los lugares citados llegaban vendedores (mujeres en su mayoría) que ofrecían pollos, gallinas, huevos, caza menor, pescado fresco, legumbres y frutas, y a quienes se les podían encargar artículos que conseguían en Casares y llevaban al día siguiente. Los cuidadores de la hospedería se encargaban de la venta de carbón vegetal y de hornear el pan amasado por los bañistas.
En cuanto a la comercialización de las aguas, nunca existió un intento real de conseguir que fuesen declaradas de utilidad pública e iniciar su explotación como balneario, hecho que puede ser atribuido en parte a encontrarse en terrenos de la propiedad del duque de Arcos de la casa de Osuna y no interesarle al Ayuntamiento de Casares su expropiación o apremio en las obras por quedar muy lejos de los pueblos circundantes y ser necesario una gran inversión para la construcción de caminos, pues los tres existentes (de Casares, de Ronda y de Estepona) eran de caballerías (el de Ronda era casi una senda en la que en algunos tramos difícilmente pasaban dichas caballerías) y bastante peligrosos. Sirva como ejemplo este episodio: la Fuente Santa sirvió en 1810 (del 20 al 24 de febrero) para esconder 150 potros con los que el comandante general de Algeciras pretendía ayudar a los casareños en su lucha durante la Guerra de Independencia, por lo que el ejército francés dio una batida en aquel lugar buscando las caballerías, sufrieron una emboscada y resultaron muertos. Se evidencia aquí lo recóndito y poco accesible del lugar que, si bien favorece el escondite frente a tropas invasoras, dificulta la llegada de los bañistas.
Fundamentalmente por esto, por la enorme inversión que supondría la reparación de caminos en comparación con la poca rentabilidad que se obtendría del uso de las aguas, el Ayuntamiento de Casares prefirió plantear su lucha reclamando la propiedad de los Baños de la Hedionda, dejando de lado los del Duque.
No obstante, la Real Orden del 4-VI-1850 (en que se estimula la instrucción de expedientes para dotar de médicos-directores interinos a aquellos establecimientos que lo necesiten) lleva a la presentación de varias memorias de facultativos de las proximidades a fin de crear esta plaza en los Baños del Duque(2). La primera de que tenemos noticia es la del médico de Ronda José Rodríguez Caballero y Amandi, de 1853, en que realiza un repaso bibliográfico de lo que se conocía sobre las aguas, nombrando lo dicho por Juan de Dios Ayuda (1798), Ramón Capdevila (1825), Raimundo Monasterio y Correa (1850) y José Pérez de la Flor y Manuel González de Jonte (1851). No aporta nuevos análisis (tan sólo observaciones de las propiedades físicas) ni casos clínicos y sus apreciaciones terapéuticas siguen las pautas convencionales. Al año siguiente, en 1854, el médico titular de Olvera Manuel Liceras y Bermúdez escribe una minuciosa memoria en la que incluye los análisis de las aguas realizados por el licenciado de Ronda, José Aguilar Oliva, y once historias clínicas (la primera y más extensa de las cuales es la del propio autor, pues padecía un ulcus péptico complicado con un episodio hemorrágico). Sin embargo, la única que apareció impresa fue la de Rodríguez Caballero, en 1857, e incluía ya los nuevos análisis.
Según describen las memorias de la época, el nacimiento no se encuentra en el mismo edificio de los baños sino a unos cuatro metros de éstos, siendo conducida el agua por un acueducto labrado en la piedra hasta un pilón desde donde se distribuye a las albercas, con un caudal de tres arrobas por minuto (34,5 kg. ó l. aprox.). El agua es clara, transparente, con ciertos globulillos blancos en suspensión que, aunque escasos, producen sedimentos. Su olor es ligeramente sulfuroso y el sabor astringente. El peso específico es igual al del agua destilada y la temperatura de 13,5º Reaumur (equivalente a 16,9º C).
La composición del agua, según los análisis de la época, justificaba su empleo, en bebida y baños, para tratar diversas dolencias entre las que sobresalían las alteraciones del aparato digestivo (fundamentalmente las irritativas y las que cursaran con trastornos hepáticos y pancreáticos), padecimientos nerviosos, hemorragias, escrofulismos y afecciones dermatológicas. Sin embargo, no existe estadística que demuestre la efectividad del tratamiento con esta agua, así como tampoco se ha efectuado ningún análisis con posterioridad que demuestre la presencia de esos componentes o intente cuantificar los gases desprendidos por el agua. Se pierden las noticias de estos baños desde mediados del siglo pasado XIX y si su nombre aparece en alguna relación de aguas mineromedicinales es como resultado de una revisión bibliográfica y no de datos contemporáneos, siendo en la actualidad escasamente conocidos, incluso a nivel local (los últimos datos fiables que encontramos sobre estos baños son los de Domingo de Orueta en su obra Estudio Geológico y Petrográfico de la Serranía de Ronda de 1917, aunque no añade nada nuevo a lo anteriormente expuesto). Los terrenos son hoy propiedad de la empresa " Corcho del Duque, S.A.": resulta digno de reseñar que los intentos de explotación de aguas minero-medicinales en el Monte del Duque, producidos en las últimas décadas, no han estado encaminados a la recuperación de los Baños de la Fuensanta, sino a la comercialización de las aguas de manantiales más próximos al camino que comunica la hacienda con Casares, con proyecto de planta embotelladora en los nacimientos de Saucillo y Platanillo.
Esta ausencia de nuevas investigaciones permite que lleguen a nuestros días los errores vertidos en sus trabajos por los autores de finales del siglo XIX. Así por ejemplo, García López escribía en 1875 que los baños se llamaban de la Hedionda o del Duque y Botella y de Hornos apuntaba en 1892 que el edificio fue construido por Julio César, mientras que el historiador local José Bisso concebía Fuensanta como un arroyo en el término de Gaucín en su Crónica de la provincia de Málaga de 1869. Esta ignorancia del asunto tratado, la escasa e inadecuada información y la falta de crítica de algunos historiadores contemporáneos, han conducido a que los Baños del Duque o de la Fuensanta se diluyan en sus propias aguas, dejando apenas un equívoco recuerdo en los sumideros de papel impreso.
NOTAS:
(1) Durante el siglo XVII se publican tratados geográficos e históricos en los que se citan las excelencias de algunos manantiales y, hecho extremadamente importante, se inician los estudios monográficos sobre los mismos. Sin embargo no será hasta las postrimerías de la centuria cuando se edite en España el primer tratado dedicado exclusivamente a las aguas mineromedicinales, obra de Alfonso Limón Montero, escrito en 1679 tras recoger datos sobre las fuentes y baños de toda España. No obstante, este estudio no vio la luz hasta pasados dieciocho años de su redacción, en 1697, en que se imprimió con el título de Espejo cristalino de las aguas de España, hermoseado, y guarnecido, con el Marco de variedad de Fuentes, y Baños.
En 1764 aparecía el primer volumen de la Historia Universal de las fuentes minerales de España de Pedro Gómez de Bedoya y Paredes. Aunque el proyecto inicial era de seis tomos, tan sólo llegaron a publicarse los dos primeros y el tercero (hoy desaparecido) quedó manuscrito y aprobado por la censura (op. cit. pág. 24-25).
(Volver arriba) 
(2) Hay constancia de la afluencia de enfermos a algunos veneros desde el siglo XVI, pero no es hasta el siglo XIX, en 1816, cuando un Real Decreto del Gobierno de Fernando VII creó el Cuerpo de Médicos de Baños, que sería causa de grandes debates y polémicas en los años venideros, ya que el mencionado Reglamento obligaba a los balnearios más acreditados a ser dirigidos por un médico del Cuerpo, que siguiendo un orden de antigüedad elegía el establecimiento en el que querían trabajar, criterio que no siempre era del agrado del propietario. Esta controversia dio lugar al nacimiento de la Asociación Nacional de la Propiedad Balnearia en 1871 y la publicación de la Gaceta Balneológica. Estas plazas se proveían por oposición y el facultativo debía residir en el balneario durante la temporada, no pudiendo ningún enfermo bañarse sin su prescripción.
En el año 1817 se establece la obligatoriedad por parte de los balnearios de llevar a cabo una memoria anual, en la que deben figurar los estudios de las aguas, datos climatológicos, resultados terapéuticos, asistencias, etc. El análisis de esos datos puso de manifiesto que aunque la burguesía era la clase social que principalmente frecuentaba los balnearios, sin embargo existe una asistencia muy importante a estos establecimientos de militares y otros tipos de pacientes cuyos tratamientos eran costeados por el propio balneario o la asistencia social.
(Volver arriba) 

BIBLIOGRAFIA:
Este artículo está publicado en el libro "Historia de los Balnearios de la provincia de Málaga", de Juan Antonio Rodríguez Sánchez (Diputación Provincial de Málaga, 1994).

Ver también:
Galería fotográfica sobre los Baños del Duque
"Antencedentes históricos: la(s) memoria(s) del agua", por J.A. Rodríguez Sánchez
Publicado en el libro "Las Aguas Minerales en España"
Instituto Geológico y Minero de España - Ministerio de Ciencia y Tecnología, 2001
Juana Baeza Rodríguez-Caro, Juan Antonio López Geta, Antonio Ramírez Ortega (eds.)
"El IGME y las aguas minerales", por J.A. Rodríguez Sánchez.
Publicado en el libro "Las Aguas Minerales en España"
Instituto Geológico y Minero de España - Ministerio de Ciencia y Tecnología, 2001
Juana Baeza Rodríguez-Caro, Juan Antonio López Geta, Antonio Ramírez Ortega (eds.)
"Institucionalización de la Hidrología Médica en España", por J.A.Rodríguez Sánchez
Publicado en el libro "Establecimientos balnearios: historia, literatura y medicina"
Universidad Complutense de Madrid, 2006. Coordinador: Francisco Maraver Eyzaguirre.
Juan Antonio Rodríguez Sánchez
(Derechos reservados.)
12/04/2009 ( 249 visitas )
Volver arriba 


Sobre el Autor:
Juan Antonio Rodríguez Sánchez
Profesor de Historia de la Ciencia. Facultad de Medicina, Universidad de Salamanca

Otros artículos de este autor:

Más artículos sobre Sierra Bermeja
- Allí donde la gente de guerra fue vencida. Una propuesta de identificación para el lugar de la rota del Calaluz
- La Sierra de la Utrera
- Fauna y Flora en la Sierra de la Utrera
- La minería en Sierra Bermeja
- Charles Edmond Boissier
- El Nicio (Estepona, Málaga)
- La Unión Resinera Española
- Geología y geomorfología del t.m.de Estepona
- Sierra Bermeja, Parque Nacional
- El grafito de Benahavís
- Usos ligados al medio natural en el t.m. de Estepona: Aprovechamientos forestales, ganaderos y arrieros.
- Los usos artesanales del pinar y los hornos













