Charles Edmond Boissier

Autor: Redacción iluana.com

Charles Edmond Boissier
Fuente: Wikipedia
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Charles Edmond Boissier fue el botánico que tuvo el honor de describir para la ciencia el pinsapo (Abies pinsapo). Nació en Ginebra (Suiza), en 1.810. Fue discípulo del célebre botánico Augustin Pyrame de Candolle, fundador junto a Carlos Linneo de la botánica y la sistemática vegetal moderna.

En la época en la que él llega, España está casi absolutamente inexplorada, botánicamente hablando. Con esta situación, y la importancia de sus descubrimientos, no es de extrañar que a Boissier se le considere como el padre de la botánica andaluza.

Uno de los motivos por los que Boissier vino a Andalucía fue la investigación, ya que las posibilidades de descubrir nuevas especies en Europa estaban muy agotadas, pero también forma parte de ese grupo de científicos y viajeros que se sienten atraidos por una visión romántica del Sur de España a lo largo del s.XIX.

Su experiencia botánica en Andalucía se tradujo en la publicación de cinco obras entre las que, sin duda, destaca por su importante aportación al conocimiento botánico la titulada "Voyage botanique dans la midi de l'Espagne pendans l'anne 1.837" publicada en París en los años 1839-1845 en un formato de dos volúmenes; una obra de gran belleza, acompañada de esplédidas láminas dibujadas por M. Heyland, donde se muestran con rigor y detalle los acontecimientos de su viaje y en la que se describen 1.900 plantas, de las cuales 236 se dieron a conocer por primera vez para la ciencia.

En 1.837, cuando España estaba afectada de pleno por la primera guerra carlista, llega a Motril y por caminos costeros continúa hasta Málaga, a lomos de burro, donde contacta con Pablo Prolongo y Félix Haenseler(1), dos farmacéuticos malagueños atrapados por la misma pasión por la botánica, que le mostraron por primera vez ramas y acículas de pinsapo que tenían registradas en sus herbarios. El día 11 de mayo sube a la sierra de Mijas y continúa hasta Estepona para buscar el pino o abeto que había visto en esos herbarios. En Sierra Bermeja pudo ver por primera vez los pinsapos pero no vio ninguna piña, por lo que no pudo describir la especie ni tan siquiera el género de aquel curioso árbol al que los lugareños llamaban "Pinsapo" o "Pinzapo"(2). Es el segundo encuentro con los pinsapos, a finales de septiembre en la Sierra de la Nieves, el que le permite descubrir que se trata de un abeto desconocido hasta entonces para la ciencia.

Aunque ya había referencias escritas al pinsapo anteriores(3), en justicia hay que señalar que fue otro botánico, Simón de Rojas Clemente Rubio(4), el primer investigador que identificó el pinsapo como un abeto y que hizo descripciones sobre él. En la "Agricultura general" de Gabriel Alonso de Herrera (Adiciones de Simón Rojas Clemente, Madrid, 1818), lo describe de la siguiente forma:

Notice sur l'Abies pinsapo (1838)
Fuente: Biblioteca digital del Real Jardín Botánico (CSIC)
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"El abeto común, llamado pinsapo en el reino de Granada, y también pinabete por los artistas (Pinus picea. Lin. Abies pectinata. Decand.), abunda espontáneo en la Sierra del Pinar, en la de Tolox y la de los Reales sobre Estepona, a la altura de unas mil novecientas hasta dos mil cuatrocientas varas sobre el nivel del mar; siendo su zona favorita la subalpina. Gusta de los terrenos calizos y de serpentina; mas no del granito. El tronco es derecho, y se eleva hasta mas de ciento veinte pies. Las ramas salen casi perpendiculares al horizonte, y se encorvan o arquean hacia el suelo por las extremidades, formando el todo del árbol una especie de cono corto, y ancho por la base. La corteza es blanquecina, débil, quebradiza, y la madera tierna y resinosa. Las piñas son rojizas en su madurez, muy anchas por la base, y su punta mira constantemente al cielo."

Sin embargo queda para la historia la presentación ante la comunidad científica internacional por parte de Charles Edmond Boissier, en 1.838, con la publicación de su "Notice sur l'Abies pinsapo", de los primeros hallazgos sobre este singular árbol.

Boissier, además de peculiar viajero y notable científico, fue un observador excepcional que relata con gran maestría y valor literarios, una cuidada descripción de lugares, personas y costumbres de la sociedad andaluza de 1.837.

A continuación transcribimos íntegro(5) el capítulo VI de la obra "Voyage botanique dans la midi de l'Espagne pendans l'anne 1.837" de Charles Edmond Boissier, en el que el botánico suizo relata su viaje desde Málaga, el 11 de mayo de 1.837, después de haber visto por primera vez ramas y acículas de pinsapo en el herbario de su amigo Haenseler, en dirección a Estepona, hasta que toma la decisión de ir a Ronda alterando su plan original de visitar primero Gibraltar, pues no dispondrá de tiempo antes del 21 de mayo del mismo año, fecha en que empieza la feria de la ciudad del Tajo de la cual le han hablado mucho y para la que tiene verdadera curiosidad por ver sus célebres corridas de toros y de gozar del espectáculo animado que presentan en esta época la ciudad y sus alrededores. En el periodo de tiempo en que discurre este capítulo, Boissier tendrá el primer contacto con los pinsapos en su medio natural.

La edición original en facsimil puede consultarse en la Biblioteca Digital del Real Jardín Botánico en sus dos volúmenes, Tomo I y Tomo II.

Capítulo VI: De Málaga a Estepona, Sierra de Mijas y Sierra Bermeja.

Había llegado el momento de dejar Málaga para hacer una excursión por el litoral y por las montañas de la provincia de Málaga. Era la estación favorable para este viaje al que me propuse consagrarle un mes antes de visitar las llanuras y las cadenas elevadas de los alrededores de Granada, donde la vegetación es más tardía. Adquirí un robusto mulo para llevar mi papel de secar las plantas y el poco equipaje que llevaba conmigo; era una adquisición para un viaje de la naturaleza que yo hacía. Sólo de este modo puede uno pararse cuando uno quiera a lo largo del camino y entrar en los lugares más recónditos por donde no pasan los arrieros. También tomé a mi servicio a un hombre de los alrededores de Vélez, llamado Antonio, verdadero tipo del campesino andaluz: hablador, agradable, cantando coplitas a todo lo largo del camino y siempre alegre, excepto cuando le hacía seguirme a través de las montañas, a lo cual tenía gran horror.

Paseo de Los Pinsapos en Los Reales de Sierra Bermeja
Fotografía: Juan Carlos León
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El pinsapo (Abies pinsapo) es un abeto, relicto del Terciario, endémico de tres sierras de las provincias de Málaga (Sierra de las Nieves, Sierra Bermeja) y Cádiz (Sierra de Grazalema), en la zona occidental de las Cordilleras Béticas. Se distribuye entre 1000 y 1700 m de altitud, ocupando poco más de 2000 Ha, siempre en laderas umbrías con orientación norte, donde recibe abundante precipitación orográfica (desde 1000 hasta incluso 3000 mm anuales). En la franja basal de su distribución forma bosques mixtos con encinas, quejigos e incluso alcornoques; mientras que, en bandas altitudinales más elevadas, tiende a formar bosques puros, los pinsapares, cuya fisiognomía asemeja la de un bosque de coníferas templado-boreal, a pesar de encontrarse inmersos en una región de clima Mediterráneo. La excepcionalidad y singularidad biogeográfica del pinsapo, compartida con la del resto del grupo de abetos circum-mediterráneos, deriva de una extraordinaria concatenación de eventos que incluye el levantamiento de cordilleras costeras con el choque de las placas tectónicas eurosiberiana y africana, la progresiva aridificación del clima en la cuenca mediterránea que se inicia a mediados del Mioceno, seguida de la alternancia de periodos glaciares y de calentamiento climático interglaciar durante el Cuaternario; y de la existencia, entre tantos avatares que jugaban en su contra, de refugios locales que permitieron su pervivencia como especie relicta. Como resultado de su singularidad biogeográfica, los pinsapares constituyen islas de biodiversidad, con numerosas especies asociadas, tanto de plantas como de animales, muchas de ellas también endémicas. Asimismo, representan un modelo excepcional para el seguimiento de síntomas tempranos del calentamiento climático.
Comentario: Revista Ecosistemas

Partimos de Málaga el once de mayo por la mañana, vestidos según la forma del país, el sombrero puntiagudo para la cabeza, cartuchera a la cintura y la escopeta al hombro. Esta vestimenta, que es la de la gente del campo y también de los habitantes de la ciudad cuando están de viaje, es muy cómoda, ya que permite recorrer el país sin excitar la curiosidad, mientras que la vista de una levita y de un sombrero redondo alborota todo un pueblo, excita el ladrido de los perros, e infaliblemente se es tomado por un inglés, lo que es una pésima recomendación entre los rateros. Al salir de la ciudad, atravesamos una parte bastante monótona de la Vega teniendo el mar a la izquierda y cierto número de colinas arenosas a la derecha. Los campos que la cubren no ofrecen la más pequeña sombra y, vista la falta de agua, crece poca cosa en los años de sequía. Sin embargo se podrían llevar allí las aguas del Guadalhorce con poco coste. Vi el Galium glomeratum Desf., el Cichorium divaricatum y los Scolymus macalatus e hispanicus. El camino estaba lleno de numerosos grupos de campesinos que volvían a la ciudad; venían de Coín, Alhaurín, Churriana y Torremolinos, grandes pueblos situados al pie de la montaña y que están en disposición de suministrar a Málaga casi todo el pan que allí se consume, puesto que la fabricación es mejor, dada la excelente calidad de las aguas. Encontramos pronto el Guadalhorce o Río de Málaga, un río bastante grande que tiene su nacimiento cerca de Antequera y que pasa a través de los restos de un puente romano. Casi todos los arcos están caídos; sólo quedan pilares macizos cubiertos de arbustos y de plantas trepadoras. Estas ruinas alargadas que se observan en medio de las llanuras, tienen un efecto maravilloso y me recordaron el aspecto de la campiña de Roma.

Ramas inferior (a) y superior, con el cono floral femenino (b) del Abies Pinsapo
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Ramas inferior (a) y superior, con el cono floral femenino (b) del Abies pinsapo.
Los pinsapos presentan los dos sexos en el mismo individuo. Los conos florales femeninos (piñas) aparecen en las ramas superiores y los masculinos en la parte media. Esta disposición a diferente nivel tiene por objetivo facilitar la dispersión del polen y evitar la autofecundación ya que ambas piñas no maduran al mismo tiempo.
Ilustración: M. Heyland

Habíamos llegado a la altura de la extremidad oriental de la Sierra de Mijas que, a partir de este momento, nos tapaba la vista del mar y pasamos a cierta distancia del Retiro, casa de campo demasiado elogiada a los extranjeros, y donde los malagueños encuentran dos cosas bien raras e sus alrededores, aguas corrientes y sombra. La comarca que recorríamos era deliciosa y de una extrema fertilidad: habían tantas granjas rodeadas de sus jardines de naranjos, tantos bosques de olivos en donde una brisa refrescante venía a disminuir el calor del día y desde donde los ojos podían mirar a infinito a través del ligero follaje de los árboles. Pronto fue preciso dejar este bonito valle y subir a una llanura no cultivada que se apoyaba al sur contra la Sierra. Todo este espacio estaba cubierto, hasta que se perdía la vista, de jaras, de arbustos espinosos y salpicado de tanto en tanto de bosquecillos de robles empequeñecidos. En mitad del trayecto encontramos una cabaña donde cuatro campesinos de Alhaurín hacían guardia. Varios robos a mano armada, que habían tenido lugar últimamente en el camino, daban lugar a estas precauciones; en efecto, habría sido difícil a los ladrones elegir un sitio más favorable a sus incursiones que estas estepas desiertas donde podían tender emboscadas y ponerse al abrigo de toda persecución alcanzando la montaña. A pesar de la monotonía de la vegetación, recogí, recorriendo el camino, algunas bonitas plantas, tales como Cleonia lusitanica, Stachys italica, Thapsia villosa, Dianthus serrulatus y el elegante Linum suffruticosum, muy común en medio de las zarzas y cuyas corolas son sucesivamente rosadas, blancas y amarillas. Después de haber recorrido alrededor de cinco leguas españolas, descendimos por una suave pendiente en la comarca de Alhaurín, verdadero paraíso terrestre plantado de moreras, naranjos y regado por mil arroyos. Este terreno es de naturaleza tan fértil que bajo estas sombras todavía se veían madurar magníficas cosechas. Es necesario haberlo visitado para hacerse una idea de la potencia vegetativa del clima de la España meridional, cuando se encuentra favorecido por la humedad del suelo. Todo estaba lleno de frescor y vida en una época en que el ardor del sol seca ya los alrededores de Málaga. Los setos de zarzas y de Coriaria myrthifolia que rodean los cultivos estaban todavía adornados, como en la Europa templada, de una gran cantidad de plantas delicadas tales como Fumaria capreolata, Canpanula erinus, Geranium rebertianum y lucidum, Veronica cymbalaria, Fedia comu copiae, Centranthus calcitrapa y Arenaria spathulata. El pueblo, escondido en este mar verde, no desdice de este hermoso país. Es considerable y con personalidad; gran numero de habitantes de Málaga poseen casas de campo adonde huyen de los calores de la costa, en lo fuerte del verano y algunas familias inglesas que originalmente sólo debían estar durante una estación no han podido decidirse a abandonarlo y están establecidas definitivamente. La posada donde estuve formaba con el resto del pueblo un contraste que yo consideraba muy desagradable; estaba sucia, incomoda, infestada de chinches y, para colmo de mis infortunios, llena de bohemios o gitanos, las gentes mas groseras del mundo, que no pararon de vociferar y de disfrutar durante toda la noche.

In dumosis regionis calidae superioris et montanae vulgatissimum, inter Malaga et Alhaurin, Sierra Bermeja, Sierra Tejeda, Sierra Nevada usquè ad San Gerónimo. Alt.800`-5000`.Fl.Mai.Jul..
Fotografía: Javier Martos
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Llegado pronto por la tarde, fui el mismo día a ver las fuentes a las que la comarca debe su prosperidad y que se llaman nacimientos. Algunos de estos espíritus cultivados de pueblo que se ponen a la puerta de las posadas para tratar a los viajeros y conocer noticias, me acompañaban en mi paseo y tuvieron cuidado, en el camino, de decir misteriosamente a los que encontraban, que iba a echar en el agua una serpiente de las más extraordinarias. La noticia produjo su efecto y pronto fuimos seguidos por la mitad del pueblo. Se produjo entonces un fuego cruzado de bromas entre los burladores y los burlados y mi criado, quitando de repente la tapa de su caja de hojalata, hizo aumentar la alegría poniendo en fuga a una tropa de chavales que ya creían ver el monstruo persiguiéndoles. La fuente adonde habíamos llegado es un arroyo de un agua ligera y perfectamente límpida, escapándose de entre las grietas de un terreno calcáreo, pedregoso y de color ferruginoso al pie de una pared de rocas que corta, a lo largo de una media legua, las pendientes áridas y uniformes de la Sierra; discurre entre los bordes sombreados de unos muy hermosos álamos, bajo los cuales se han dispuesto algunos bancos rústicos. Nada podría semejar la belleza de la vista que disfruté aquel día durante la puesta de sol. A algunos pasos por debajo de nosotros se veía el pueblo con los naranjos que lo rodean. En un segundo plano los bosques de olivo y al fondo del valle, enfrente, en la lejanía, el macizo imponente de la Sierra de las Nieves ya sumergido en una particular bruma luminosa del cielo del sur.

Piñas femeninas o pichas de fraile
Fotografía: Javier Martos
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Fotografía: Javier Martos

Mi amigo Haenseler me había encargado mucho escalar la Sierra de Mijas, donde me prometía una rica recolecta, a pesar de su aridez aparente. Para llegar allí volví a tomar durante un cierto tiempo el camino de Málaga, que dejé enseguida a la izquierda, y llegué pronto a mi nuevo nacimiento donde el agua abundante hacía mover varias fábricas. El terreno arcilloso de los alrededores de la fuente estaba cubierto de pequeños heliantemos anuales que abrían a esta hora de la mañana sus corolas de las que no se vuelve a encontrar ninguna traza una vez que el sol está en lo alto: eran los Helianthemun Niloticum, intermedium, salicifolium y aegyptiacum asociados a los Micropus supinusn y bombycinus y a la Evax pigmea. Llegado al pie de las rocas de las que he hablado antes, encontré un montón de hermosas plantas de las que la mayoría eran nuevas para mí y que prosperaban en esta localidad húmeda y orientada al norte. Eran, primero, la Herniaria polygonoides, la frágil y delicada Linaria villosa de hojas untadas de una sustancia viscosa y aromática, después el Saxifraga globurifera y la Campanula velutina que adornaban de flores blancas y azules las anfractuosidades de la piedra. En todos los sitios donde la roca se hundía en cavernas se veían formar enormes manojos de Fumaria corymbosa que temen la humedad del aire exterior y de las que los pedúnculos se alargan en todos los sentidos después de la floración y van a buscar los huecos donde depositan sus granos. También recogí el Ephedra altísima Desf y la reina de todas, el Anthyllis podocephala, encantador arbusto de hojas sedosas, coronado de numerosas cabezuelas de un amarillo de oro. La longitud del recorrido que debía hacer en el día me permitió sólo ver ligeramente estos tesoros, a los que la proximidad del pueblo me permitió volver a ir el día siguiente y deje las rocas con pesar para seguir pendientes cubiertas de jaras, de romeros y de coscojas. Continuamos subiendo por un barranco llamado la Cañada del Infierno, cuyo fondo estaba seco y cubierto de una arena fina donde crecían en abundancia los Alyssum serpillifolium, atlanticum y la Merculiaris tormentosa; esta arena se encuentra en lugares por toda la montaña; está producida por la descomposición de un calcáreo blanco cristalino de la que está formada. Encontré sucesivamente diferentes especies de la región montañosa, la Macrochloa arenaria, gigantesca gramínea que balancea, sobre una caña de cinco a seis pies de largo, su gran panícula de un amarillo de oro, el Armeria allioides de flores blancas, los Senecia arachnoideus y minutus, el Echium albicans, magnífica planta que recuerda, por su aspecto, las especies de este género particular en Canarias, el Reseda undata al cual una larga espiga simple ha hecho dar, por los pastores, el nombre de hopo de zorra. Gozaba plenamente, con esta herborización, del placer tan vivo del descubrimiento, gozo que había de renovarse y variar en cada una de mis excursiones en Andalucía y que es desconocida en las comarcas de la Europa Central, donde cada pulgada de terreno ha sido visitada y estudiada por los botánicos. Aquí y allí algunas piaras de cabras y de ovejas buscaban penosamente su alimento en medio de esta vegetación espinosa, donde las gramíneas están ausentes por entero. Se les conduce cada día por la montaña de Alhaurín, de Mijas y otros pueblos de los alrededores adonde vuelven por la tarde y no se comprende como la pequeña cantidad de hierba que pacen puede darles fuerza para este largo recorrido cotidiano.

Llegados al punto culminante, a una elevación de 3250 pies por encima del nivel del mar, nos encontramos en el centro de un admirable panorama. Se distinguía al este Málaga, la torre de su fanal, después, mucho más allá, las montañas de los alrededores de Granada y del lado opuesto, las otras cadenas de la provincia de Ronda hasta el Peñón de Gibraltar, cuya punta tenía una cofia vaporosa. Pero la vista de la que no podía desprender mis miradas y que me causó una emoción que se comprenderá, era la de áfrica, continente que veía por vez primera. Se veía muy claramente la cima en forma de horquilla que se eleva por encima de Ceuta, desde frente, otras montañas más altas, pero que se mostraban de una manera menos distinta, a causa del alargamiento progresivo del estrecho. Desde entonces pude distinguir esta costa desde la misma Málaga, pero se necesita para esto un tiempo muy claro y una situación un poco en alto, tal como la del castillo de Gibralfaro.

Pinsapos en Los Reales de Sierra Bermeja
Fotografía: Gerardo Galán
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Fotografía: Gerardo Galán

La Sierra de Mijas, en el extremo occidental de donde me encontraba, corre del oeste al este hasta Torremolinos, a una legua de Málaga. Sus cimas están redondeadas y sus pendientes surcadas por numerosos barrancos debidos a su estructura arenosa. La vertiente del sur es más fuerte que la del norte y de este lado está separada del mar por una comarca regularmente entrecortada por colinas onduladas y por pequeños valles. Por aquí es por donde pasa el camino acostumbrado de Gibraltar a Málaga, muy cerca del castillo de la Fuengirola. La parte superior de la montaña estaba cubierta de arbustos en parte iguales a los de la llanura, la altura a la que se sube no es suficiente, en esta latitud, para cambiar completamente el carácter de la vegetación. El Ulex australis predomina allí junto con el romero, el Juniperus oxycedrus y los Cistus incanus, salvifolius, monspeliensis y atriplicifolius. Un heliantemo de flores blancas y de hojas tormentosas formaba allí pequeños matorrales muy elegantes y a la mayoría de las plantas de la región montañosa que he enumerado, venían a añadirse además las Barckhausia albida, Valeriana tuberosa, Carex gynobasis, Erysimum canescens, Orchis anthropophora y Asphodelus fistulosus. En las grietas de las rocas donde termina la montaña por el lado sur, cogí la hermosa Linaria tristis de flores de un color violeta negruzco, la Calendula suffruticosa, la Saxifraga globulifera y una umbelífera del Atlas, el Bunium glaberrimum que no estaba en flor, pero que reconocí por la forma particular de sus hojas.

Sólo la cercanía de la tarde me pudo arrancar de esta rica recolección. Descendí a La Cruz de Mendoza y de allí a Alhaurín por una fuerte pendiente que conducía directamente al Nacimiento y a lo largo de la cual, a pesar de su aridez, recogí todavía muchas especies raras, tales como Mathiola varia, Brassica humilis, una nueva especie de Hernaria, una variedad curiosa de hojas aterciopeladas del Ranunculus gramineus y un hermoso Iris próximo al Xyphium, de flores violetas con manchas amarillas. La cruz de Mendoza es una cima de la montaña donde están plantadas algunas cruces de madera muy antiguas y rústicamente talladas; es un lugar de peregrinación venerado en el país y mi posadera me contó que ella misma subió con los pies descalzos para preservar a uno de sus hijos del reclutamiento. Su devoción fue premiada. "Bendita sea la Santísima Virgen" decía; mi hijo ahora está casado y es un hombre honrado como su padre. Era un singular elogio, pues no he encontrado mayor ladrón que el Señor Huésped de la posada. Todo el mundo sabe que las posadas de España no contienen ninguna provisión para el uso de los viajeros y si algún recién llegado piensa en pedir lo que hay para comer, se le responde siempre con la sacramental frase "Caballero, lo que Vuestra Merced trae" . Es preciso comprar por uno mismo en el pueblo de todo lo que se necesite. En algunos lugares un poco más civilizados, el posadero se encarga él mismo de esta cuestión, sacando provecho sobre cada artículo; en el momento de la partida se ve llegar una larga nota donde todo está especificado, desde el aceite y la sal de la que se ha servido para preparar la comida quedándose sorprendido de tener que pagar tanto en estos miserables albergues como si fuesen una de las mejores fondas de las ciudades.

Fotografía: Javier Martos
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Detalle de la hoja del pinsapo
Fotografía: Javier Martos
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Las acículas del pinsapo son cortas, de 10 a 15 mm, gruesas y ríidas. Esta morfología y disposición de las acículas facilitan una menor evapotranspiracipón y permite a esta especie una cierta resistencia frente a la sequí estival, tíica del ´bito mediterráeo.
Fotografía: Javier Martos

A la vuelta de la Sierra, empleé un día en estudiar y en desecar las plantas recogidas y volví cerca de esta pared rocosa que me había proporcionado tantas cosas interesantes. Después de haber expedido toda a Málaga, continué mi camino el 14 de mayo y llegué pronto a Coín a través de un hermoso país entrecortado de valles donde el Thalictrum glaucum adornaba el borde del curso de las aguas y donde los campos estaban esmaltados de flores violetas del Convolvulus tricolor. Coín, que sólo está a dos leguas de Alhaurín, es una aldea tan rica como ésta y más considerable todavía; las aguas de fuente abundan y, cosa rara en España, admiré algunas fuentes en donde el agua salía por diez o quince caños. Estos dos pueblos y sus deliciosos alrededores proporcionan a Málaga la mayor parte de sus legumbres. El frescor y la humedad permiten hacer crecer, junto a los naranjos y los limones, los frutos de nuestros climas templados, tales como las cerezas y las fresas que no fructificarían en la costa. Vi grandes plantaciones de estos últimos en plena madurez, eran de la misma especie que la de nuestras montañas y tenían todo el perfume. Después de Coín, el país que va elevándose es menos fértil; son terrenos arcillosos raramente dedicados al cultivo y cuya vegetación característica se compone del Phlomis herba venti, del Echinops Strigosus, de varias especies de Scolymus y del Cynara cardunculus, tipo salvaje de la alcachofa, enorme planta cuyas hojas espinosas tienen hasta tres pies de longitud. Monda forma un explosivo contraste con los pueblos por donde acabamos de pasar: es una pequeña población de calles estrechas, construida sobre una fuerte pendiente y enmarcada con viejas ruinas que pueden ser los restos de la antigua Munda. Antiguamente fue el teatro de una gran batalla librada por César con los hijos de Pompeyo. El barbero del lugar estaba glorioso de este recuerdo histórico; me contó los detalles y me mostró un torrente en donde pretendía haber corrido raudales de sangre el día de la acción. Monda está adosada al monte Pereyla, serie de alturas compuestas del mismo calcáreo cristalino que la Sierra de Mijas, pero mucho menos elevadas que esta última. Las atravesé el mismo día, proponiéndome ganar por el atardecer los bordes del mar y la ciudad de Marbella. Por encima del pueblo, en una exposición muy calurosa, recogí el Reseda sesamoides variación erecta, el Sedum amplexicaute, la Salvia patula, la Ononis speciosa, la hermosa Linaria Clementei que lleva en la punta de un simple y recto tallo una espiga muy corta de flores violetas, la Silene villosa y la Sideritis arborescens, gran labiada de las que todas las partes están impregnadas de una capa viscosa y olorosa; volví a encontrar también varias de las plantas de la Sierra de Mijas, tales como la Armeria alliacea y el Echium albicans.

El punto de división de las aguas no está a más de 1800 pies de altura absoluta y apenas a 800 por encima de Monda; desde allí sólo se percibe una pequeña extensión de mar en el extremo del valle, a causa de los contrafuertes que la encierran por cada lado; en el lado septentrional, cerca de la cima, sólo habían pocas plantas en flor, pero apenas llegué al otro lado, me encontré en medio de numerosos matorrales floridos de Genista hirsuta y Haenseleri. Un grupo de arrieros que encontramos me miraban hacer grandes ramos de estas plantas espinosas, con un asombro muy natural y escuchaban, con la boca abierta, los cuentos que Antonio les contaba sobre esto con la seriedad que solía. Este valle me recordaba ciertos lugares de los Alpes Marítimos y, entre otros, el camino por el que se desciende de Tende a Fontan. Recogí en este trayecto Vicia disperma, Arenaria retusa, Anagyris faetida muy comunes, al borde del camino. Más abajo encontramos el pueblo de Ojén, situado a media falda en esta garganta y cuya posición es una de las más pintorescas que conozco. Vistas desde abajo sus casas parecen estar suspendidas sobre un precipicio que sólo se adivina y escondiéndole unos macizos de vegetación.

In umbrosis regionis montanae, in valle quà descenditur à Monda ad. Ojen ad pedem rupium, Sierra Bermeja in parte supreriori. Alt. 1500`- 4000`.
Fotografía: Javier Martos
Ramas con el cono floral masculino del Abies Pinsapo
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Ramas con el con floral masculino del Abies pinsapo.
Los conos masculinos son ovoides y su color varía desde el verde las fases iniciales de su desarrollo hasta el rojo o púrpura en su madurez.
Ilustración: M. Heyland

El sol se estaba poniendo cuando llegamos al extremo del valle; al doblar las últimas alturas percibimos completamente el mar y Marbella donde descendimos a través de largas pendientes no cultivadas. Esta ciudad era floreciente en el tiempo de los moros y se enriquecían por el cultivo de la caña de azúcar que ocupaba todos los alrededores y que ha desaparecido del todo hoy día. Marbella está decaída, pero su posición es romántica y los hermosos árboles que la rodean dan un efecto admirable en medio de sus edificios en ruina. Al borde del mar vi los restos de un viejo castillo que se defendió durante bastante tiempo contra los franceses en la guerra de la Independencia y cuya guarnición consiguió escaparse en un barco inglés.

Todo el mundo en Estepona conocía este árbol con el nombre de Pinsapo, del que se hacía uso en las procesiones y en las fiestas religiosas, a causa de la elegancia de su follaje y de sus ramos que, dispuestos en ángulo recto en sus últimas ramificaciones, parecen pequeñas cruces.

Marbella no tenía nada que pudiese retenerme y partí al día siguiente para Estepona. Enormes lentiscos, entre los cuales se entrelazaban en guirnaldas la Aristolochia Baetica y el Smilax mauritanica, sombreaban el comienzo del camino. Observé también el Physalis somnífera y el ricino que tiene allí las dimensiones de un árbol. Atravesamos primero una zona cultivada, encontrando aquí y allí algunas casas aisladas, pero a media legua de la ciudad toda traza de la presencia del hombre había ya desaparecido. No era más que una gran sabana cubierta de jaras y de palmeras enanas y que se extendían en suave pendiente desde el pie de Sierra Bermeja hasta el mar. La agricultura, que ocupaba antiguamente la mayor parte de estos llanos, se podría utilizar todavía admirablemente y los numerosos arroyos que los recorren y de los que ninguno está profundamente encajonado le proporcionarían todo el agua necesaria. En este suelo arenoso y en medio de estos arbustos de los que uno de los más abundantes era el Helianthemum halimifolium, recogí la Armeria plantaginea, Pterocephalus lusitanicus, Helminthia comosa, Ononis Picardi y mitissima, Linum tenue, Linaria viscosa, la Inula arabica que cubría todos los rincones húmedos y muchas gramíneas, con las más elegante de todas, la Briza máxima, a la que el menor viento hace oscilar las espigas doradas; la adelfa bordeaba los arroyos y dibujaba a lo lejos su curso mediante líneas rosas y sinuosas.

A medida que, siguiendo la costa, se acerca Gibraltar, tan temido por las aduanas españolas, las torres vigías y los puestos de carabineros se multiplican para oponerse todo lo posible al contrabando. Conté entre cinco y seis desde Marbella a Estepona, son los únicos puntos habitados que interrumpen la soledad de estos lugares. En uno de estos sitios encontré un viejo soldado de la Independencia que había viajado a Francia y que, después de muchos años, era feliz al encontrar a alguien que hablase la lengua de este país. También se acordaba de unas canciones cuyo sentido y pronunciación eran desfiguradas por su boca de una manera particular. Me había sucedido, en mis excursiones, el encontrar a menudo campesinos o pastores que habían visto Francia, como prisioneros de guerra, cuando la batalla de Toulouse y todos hablaban con respeto y afecto de este país y de sus habitantes, exaltándole a costa del propio. Ahora sería difícil volver a encontrar, al menos en Andalucía, huellas de este espíritu de odio y de fanatismo que animaban a los habitantes cuando la invasión francesa.

Pinsapos en la Sierra de las Nieves
Fotografía: Miguel Angel Pérez
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Fotografía: Miguel Angel Pérez

Estepona es una bonita ciudad construida al borde de la playa, alegre, moderna y toda esplendorosa de blancura. Cada casa está pintada al exterior, con una capa de cal que se renueva al menos todos los meses y que llega hasta el adoquinado, lo que hace creer, a primera vista, que estas habitaciones han sido talladas en una capa de yeso; pero si, saliendo de las dos o tres calles que bordean el mar, se dirige hacia la parte de las colinas, sólo se encuentran pobres chozas informes, en medio de chumberas y construidas en adobe, miserable abrigo que la serenidad y que, sin embargo, la singular dulzura del clima las hace suficientes para las clases inferiores. Me paré en la posada que está a la entrada de la ciudad y me instalé en una gran sala cuyas ventanas daban frente al mar. Como si la vecindad de la ciudad inglesa, de la que veíamos el peñón a seis leguas de distancia, hubiese influido ventajosamente sobre esta morada, todo estaba allí bien organizado y de una limpieza afectada.

Me preparé para la ascensión del día siguiente a Sierra Bermeja. Estaba lleno de curiosidad por visitarla, con el fin de observar un abeto del que había visto una rama sin fruto en el herbario del Sr Haenseler en Málaga y que me parecía ser una especie nueva. Todo el mundo en Estepona conocía este árbol con el nombre de Pinsapo, del que se hacía uso en las procesiones y en las fiestas religiosas, a causa de la elegancia de su follaje y de sus ramos que, dispuestos en ángulo recto en sus últimas ramificaciones, parecen pequeñas cruces. Desde la misma ciudad se podía distinguir, cerca de la cima de la Sierra, los bosques que formaba; su tinte opaco contrastaba con el verdor pálido y claro del Pinus Pinaster que cubría las pendientes inferiores.

Para llegar al pie de la montaña, es preciso subir durante casi dos horas a través de una cadena de colinas que cortan su base. Casi por todas partes están casi cubiertas de viñedos y cortadas por profundos barrancos, que las aguas de lluvia y de los arroyos han excavado a lo largo de su terreno arcilloso y móvil. Su exposición es muy calurosa y observé hermosas plantas, umbelíferas entre otras, pero me detuve poco, dejando su estudio para el día siguiente. A la altura de mil pies, aproximadamente, desapareció el cultivo de la viña y casi enseguida empecé a descubrir matorrales del hermoso Cistus ladaniferus cubierto enteramente por sus flores de un blanco resplandecientes y de unas dimensiones semejantes a la rosa de las hayas. Las hojas y los ramos de este arbusto están cubiertos de una sustancia pegajosa y aromática que perfuma el aire y al que los españoles aprecian para la curación de las heridas. Su verdor, a la vez oscuro y brillante, me recordaba el Rhododendron de nuestros Alpes y los numerosos helechos en flor que tapizaban la tierra a su pie, contribuían aún más a la ilusión. La más hermosa y la más abundante, entre estas últimas, era la Erica umbellata; también estaban la scoparia y la arborea, así como nuestra Calluna erica.

Conos florales femeninos del Abies Pinsapo
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Conos florales femeninos del Abies pinsapo.
Pueden alcanzar un tamaño entre 10 y 15cm. Son verdes al desarrollarse y pardas en la madurez. En la Serranía son conocidos como pichas de fraile.
Ilustración: M. Heyland

Un poco más arriba, en la base misma de la Sierra, alcanzamos un bosque formado por los Quercus suber y Lusitanica y donde se mostraban ya algunos pies del Pinus Pinaster. Allá en medio de los mirtos, madroños, y de jaras, crecían un número de plantas forestales todas nuevas para mí. La más notable era sin duda la Digitalis laciniata que, en el extremo de un tallo leñoso y desnudo de cuatro a cinco pies de altura, lleva una roseta de hojas lisas ligeramente recortadas y una larga espiga de flores de un color naranja o ferruginoso. El Linum Narbonense, el Adenocarpus Telonensis, la Genista triacanthos y el Teucrium fruticans eran también muy comunes, así como una hermosa especie nueva de Scorzonera de hojas lineales. Un arroyo que se precipita en una de las gargantas de la montaña que atravesaba este lugar y, en el valle que él ocupaba, algunas cabañas casi enteramente escondidas en medio de los árboles con vistas al mar a través de las colinas, presentaban una imagen de ser un lugar de paz y felicidad.

La vegetación de Sierra Bermeja es bastante diferente a la de las otras cadenas montañosas del país debido a los bosques que la cubren y a la naturaleza de sus rocas constituidas por una especie de arenisca y no por calcáreo cristalino(6). De todas las montañas un poco elevadas de la costa meridional de España, es la más próxima de Africa y tiene, probablemente, muchas relaciones con las cadenas secundarias del Atlas. La hermosa Staehelina Baetica empezaba a descubrir sus cabezuelas y a desarrollar los copetes rosados y ligeros que componen su flor; la Genista hirsuta formaba matorrales espesos y redondeados y el Lithospermum prostratum, tan común en la regiones montañosas de toda España, estaba todo cubierto por sus corolas blancas, rojizas o violáceas, según la época de su apertura. Mi guía me contó cosas maravillosas de la virtud de esta ultima planta que se llama, en el país, yerba de las siete sangrías, porque está considerada como que hace las veces de siete sangrías. Los Pinus pinaster, sin crecimiento al pie de la montaña, se habían convertido ya en árboles de treinta a cuarenta pies, con el tronco desguarnecido de ramas en su base; sus hojas son muy largas, tiesas y punzantes y las escamas de sus piñas extremadamente ásperas. A una altura de dos mil pies, hicimos un alto al borde de unas fuentes abundantes, seducidos por estas umbrías a las que el viajero está tan poco habituado en las montañas de la Península y gozando del murmullo de las aguas y del ruido del viento a través del follaje. La Anagallis tenella, las Scirpus nigricans y acicularis creciendo en las aguas de la fuente y soberbios matorrales de la Erica ramulosa y del Dorycnium hirsutum adornaban los alrededores.

In regione calidá superiori et montaná, Sierra Bermeja á radicibus usqué ad partem superiorem, in montibus inter Estepona et Igualeja, montes suprá Nerja, in latere septentrionali montium suprá Alfacar sitorum legit etiam c. Rambur. Alt 1200`-4000`.
Fotografía: Javier Martos
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Hasta allí habíamos seguido un sendero bastante practicable que conducía a la Serranía de Ronda por encima de uno de los puntos mas altos de la cadena montañosa. Dejé allí a Antonio y a nuestro guía que debían ganar el puerto y subir seguidamente a lo largo de la cresta para juntarse conmigo y tome el camino de la izquierda en medio de los abetos por una pendiente mas fuerte y mas directa. Volví a encontrar la Arenaria montana, Herniaria incana, Euphorbia verrucosa, Ceterah Marantae, Ruscus aculeatus, Aphyllanthes Mospeliansis, pero la mayor parte de plantas tales como Centaurea Tagana, Chamaepeuce hispanica, Scabiosa tomentosa y una hermosa especie de Cephalaria todavía no estaban florecidas,. Sobre los tres mil pies, los troncos y ramas de los árboles se guarnecen de nuestros líquenes de la Europa templada, como la Usnea barbata, Physcia furfuracea y glauca y descubrí, también allí, en las hendiduras de las rocas, una especie muy bonita y muy delicada de Saxifraga.

In fissuris rupium umbrosarum regionis montanae, Sierra Bermeja in latere orientali et septentrionali, montes inter Estepona et Igualeja. Observavit quoque cl.Haenseler en el Cerro de San Cristoval suprà Grazalema. Alt. 3000`- 4000`.
Fotografía: Javier Martos
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Pinsapos en el Parque Natural de Grazalema
Fotografía: Juan Tébar ( Derechos Reservados )
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Pinsapos en el Parque Natural de Grazalema.
En 1.754 se realiza un inventario de los árboles existentes en los pueblos adscritos a la Marina donde se recogen 3.000 pinsapos en la zona de Genalguacil y Estepona, 150 en Casares y 1.195 en la Serranía de Villaluenga, hoy Macizo de Grazalema.
Fotografía: Juan Tébar ( Derechos Reservados )

Sobre la última cuarta parte de la montaña los pinos disminuyen desapareciendo de repente, siendo reemplazados por los Pinsapos, que tuve el placer de poder examinar de cerca. Sus ramas, que guarnecen el tronco hasta la base, me recordaron a nuestros abetos, pero la notable pequeñez de sus hojas espesas y carnosas y su disposición cilíndrica sobre las ramas no me permitían relacionarla con ninguna especie conocida. Busqué conos para aclarar mis dudas, pero no pude encontrar restos, me fue preciso renunciar de momento el satisfacer mi curiosidad sobre estos árboles, sobre los que trataré más adelante. A su pie, entre las rocas musgosas, el elegante Cistus populifolius desarrollaba ya sus corolas blancas, a pesar del frío punzante que hacía este día en la montaña. Se figura en general que las jaras sólo habitan las partes más calientes de la región mediterránea; este no es el caso de esta última especie y de Cistus laurifolius que observé en Sierra Nevada, a más de seis mil pies de altitud y en un lugar donde la nieve permanece durante cuatro o cinco meses del año. Estoy convencido que ambos soportarían perfectamente nuestros inviernos de la Europa Central. Encontré también dos bonitas liliáceas, la Ornithogalum umbellatum y una Fritillaria, cuyos pétalos castaños estaban marcados longitudinalmente por una ancha banda amarillenta.

Llegué, sobre las cinco de la tarde, a la cima. Todavía sólo estaban en flor las Ulex australis, Lithopermum prostatum, Thymus diffusus, Valeriana tuberosa y Alyssum serpyllifolium; otras plantas tales como la Serratula Baetica, Centaurea acaulis y Teucrium aureum, apenas estaban en grano. Según dos observaciones barométricas que hice en esta fecha y quince días más tarde, evalué en 4470 pies la altura del punto culminante, por lo que pude tener una idea justa de la magnitud de Sierra Bermeja. Cubierta en toda su extensión por bosquetes de pinos llega hasta cerca de Marbella una ramificación que siempre va descendiendo y que por su color, contrasta con las montañas calcáreas y desnudas que dominan sobre esta última ciudad. Al sudoeste acaba con pendientes muy fuertes; desde allí hasta las cercanías de San Roque se extiende un país ondulado, atravesado por el Río Guadiaro, y por en medio del cual veía desarrollarse, en toda su longitud, el sendero que lleva a Gibraltar. Al norte mis miradas se hundían en este laberinto de montañas áridas de que se compone la Serranía de Ronda y sobre las Sierra de la Nieve y San Cristóbal que dominan a todas las demás. No se podía ver ni Ronda ni su meseta, a causa de una cadena montañosa elevada al sur de esta última ciudad y que la separa de los valles orientados al sur. En lo que respecta a la costa de áfrica, se percibe una mayor extensión y mas diferente todavía que la vista en la Sierra de Mijas. Un viento helado no me permitió pasar mucho tiempo sobre esta cima; la noche vino pronto a sorprenderme y empecé a temer de no volver a encontrar a mis compañeros, cuando vi, a través de los árboles, un gran fuego: era un pino encendido alrededor del cual se habían colocado, muy inquietos por mi prolongada ausencia y proyectando recorrer de madrugada la montaña con el fin de buscarme. La noche era magnífica y estuve vivamente tentado de pasarla a las estrellas, para herborizar el día siguiente en las proximidades. Pero nuestras provisiones se habían acabado y el hambre nos empujó hacia la ciudad. Cuando descendíamos, escuchamos disparar el cañón de recogida de Gibraltar, aunque esta ciudad esté alejada al menos siete leguas en línea recta del lugar donde estábamos. Estaba de vuelta en Estepona a las diez de la noche, cansado de una larga y penosa jornada, pero muy contento de sus resultados.

In umbrosis siccis regionis montanae in parte occidentali regni, Sierra Bermeja in latere meridionali sat frequest usquè ad cacumen in consortio Centureae acaulis, in monte Sierra de Agua cl. Webb! Alt. 3000`- 4000`.
Fotografía: Javier Martos
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Paseo de Los Pinsapos en Los Reales de Sierra Bermeja
Fotografía: Juan Carlos León
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Fotografía: Juan Carlos León

El día siguiente envié mi criado al país de la Sierra para aprovisionarme de la Digitalis laciniata y otras plantas de las que no había podido recoger bastante el día anterior, y yo visité las colinas intermedias. El ardor del sol había quemado, ya en parte, las especies anuales; recogí, en cambio, varias umbelíferas tales como el Elaeoselinum faetidum, Thapsia garganica, Daucus crinitus, Magydaris panacisfolia. Los valles habían conservado todo se frescor. Encontré aquí y allá cabañas de viñadores. Sombreadas por higueras y situadas siempre al borde de algún pequeño arroyo en donde la Ononis pendula, los Dorycnium hirsutum, rectum y hermosas especies de Vicia y de Lathyrus adornaban sus márgenes. Cerca de la ciudad, un césped bastante extendido me llamó la atención por su verdor bajo este clima ardiente; uno se podría creer haber sido transportado en medio de una pradera del norte de Europa, pero la ilusión se disipaba muy pronto a la vista de las plantas de que estaban compuesta, el Hedysarum capitatum y la Plantago serraria entre las cuales florecía la Orchis coriophora. El señor Haenseler, que vivió cerca de nueve años en Estepona, ha descubierto en estas colinas un cuadrúpedo nuevo para Europa, el Viverra Ichneumon, que sólo era conocido hasta ahora en Egipto y en algunos puntos de Berbería; vive en madrigueras y en el país se le da el nombre de Meloncillo. Cuanto más se estudie esta orilla meridional, más se verá multiplicar entre ella y el áfrica boreal sus relaciones, lo cual es muy natural, puesto que los dos terrenos están colocados en las misma condiciones de clima y de temperatura. Todo parece probar que antiguamente estaban unidos por el punto donde se formó después el estrecho de Gibraltar, mientras que un mar interior que ocupaba el lugar de la meseta central de la Península los aislaba del resto de Europa.

In sylvaticis siccis regionis calidae superioris et montanae inferioris, Sierra Bermeja radices supràEstepona, Sierra de la Nieve en el Desierto de las Nieves, circàCarratraca et ad radices montis Sierra de Mijas supràAlhaurinejo cl.Haenseler. Alt. 2000`- 3000`.
Fotografía: Javier MartosMás información
Pinsapos en el Parque Natural de la Sierra de las Nieves
Fotografía: Javier Martos
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Fotografía: Javier Martos

Meses más tarde Boissier tiene el segundo encuentro con los pinsapos. Acompañado por Prolongo y Haenseler, en septiembre, sube a la Sierra de La Nieve pasando por Cártama, Casarabonela, Alozaina y Yunquera; desde allí se encaminan al Convento de Nuestra Señora de Las Nieves. Por las descripciones que hace se puede deducir que la vegetación arbórea estaba bastante esquilmada, sin duda, por las talas realizadas, años atrás, para alimentar los altos hornos de galena antimonial de las minas de S. Eulogio, muy próximas al convento:

El guía nos mostró desde lejos el primer pinsapo. Dando gritos de alegría corrimos llenos de emoción, pero, desgraciadamente, el árbol no tenía fruto. Un segundo, un tercer, me dan falsas esperanzas sucesivamente. Al fin, soy lo bastante afortunado como para encontrar uno, cuyas ramas superiores están cargadas de piñas tiesas. Nos apresuramos a trepar para cogerlas, y ya no nos queda duda sobre el género de este árbol singular. Era, ciertamente, un Abies, vecino de nuestro abeto blanco. El principal objetivo de mi excursión estaba logrado.

Ver También:

Galería multimedia "Guía Flora: Arboles"
Galería multimedia "Guía Flora: Arbustos, herbáceas y otras"

NOTAS:

(1) Félix Haenseler ejerció de boticario nueve años en Estepona y fue el que describió por primera vez en Europa la presencia del meloncillo (Herpestes ichneumon). La ayuda que Haenseler prestó a Boissier fue merecedora de su reconocimiento pues el botánico suizo le dedicó algunas especies nuevas de plantas que descubrió.
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(2) La etimología más conocida del nombre indica que pinsapo deriva de las palabras pinus (pino) y sapinus (abeto). Otras teorías la relacionan con pinus (pino) y avus (longevo); pinus (pino) y sapo (jabón) o incluso con el término &aacucte;rabe zupp (falo o pene), lo cual podrí estar relacionado con sus conos erguidos que en la Serranía se conocen como pichas de fraile.
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(3) La primera referencia escrita sobre el pinsapo se encuentra en las ordenanzas municipales de la villa de Zahara de la Sierra, de 1.575, donde se recoge que (...) no puedan cortar ni corten en el Pinal del término de esta villa ningún pino (...), lo que constituye sin duda la primera referencia al pinsapar del Macizo de Grazalema.
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(4) Clemente Rubio murió en Madrid en 1.827. Su obra "Viaje a Andalucía. Historia Natural del Reino de Granada. 1.801-1.809" ha permanecido inédita en el Real Jardín Botánico de Madrid hasta 2.002 cuando fue rescatada por Antonio Gil Albarracín. En ella figuran las primeras referencias al pinsapo aparecidas en un documento científico.
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(5) Traducción al castellano de F.J.Albertos disponible para su consulta en la Biblioteca Municipal de Estepona. Otra traducción alternativa es la realizada por Françoise Clementi en la edición publicada en 1995 por Fundación Caja de Granada y la Universidad de Málaga.
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(6) Boissier se refiere a las peridotitas, rocas a las que ve por primera vez desconociendo, por tanto, su singular naturaleza.
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Referencias bibliográficas:

- "Viaje Botánico al Sur de España durante el año 1.837", Charles Edmond Boissier. Traducción de Françoise Clementi (Ed.Fundación Caja de Granada., Universidad de Málaga. 1.995)

- "Guía botánica de la Serranía de Ronda", Manuel Becerra Parra (Ed.La Serranía, 2008)

- "Viajeros del XIX cabalgan por la Serranía de Ronda", Antonio Garrido Domínguez (Ed.La Serranía, 2006)

- "Biografía de Edmond Boissier". F.J.Albertos, Colección de Temas sobre Estepona. Biblioteca Municipal de Estepona

Redacción iluana.com (Derechos reservados.)
04/02/2009 ( 3450 visitas )
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