Allí donde la gente de guerra fue vencida. Una propuesta de identificación para el lugar de la rota del Calaluz

Autor: Virgilio Martínez Enamorado y José Antonio Castillo Rodríguez

Cordel del Canalizo (Sierra Bermeja)
Fotografía: Javier Martos
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Sierra Bermeja.
Fotografía: Javier Martos

Hasta nuestros días, la localización de este suceso no ha encontrado un hueco en la investigación histórica al no lograr precisarla con exactitud. Todos los cronistas, primero, y los investigadores más tarde, señalan de manera vaga a Sierra Bermeja como el lugar de los hechos sin determinar en ningún caso el lugar en que debió desarrollarse la rota. Salvo alguna destacable excepción, las opiniones son coincidentes, pues siguen rigurosamente lo transmitido por las fuentes, aunque ningún investigador afina hasta el extremo de localizar la rota con absoluta precisión: "en las cumbres de Sierra Bermeja en el pago de 'Calaluz' o 'Calalui'... cerca de la alquería de Genalguacil", según López de Coca 2; en Sierra Bermeja, sin más aclaración, según Ladero 3. Más desorientado camina Acién que lleva el episodio nada menos que al Río Verde (sic) 4, porque es muy probable que siga lo transmitido por el romance que recoge Ginés Pérez de Hita que confunde los sucesos del Calaluz con los acontecimientos de la rota de Juan de Saavedra el día 14 de marzo de 1448 en el Río Verde, el lugar al-Jazā’in de alguna tardía crónica árabe 5. Recordemos, en cualquier caso, que el desastre dio lugar a una segunda versión del romance "Río Verde, Río Verde" 6. Y ese yerro de Acién a pesar de que F. Guillén Robles diera unas coordenadas bastante precisas de acuerdo con las fuentes castellanas por él manejadas 7 que desde el siglo XIX hubieran permitido profundizar en la localización del lugar donde en 1501 tuvo lugar la última victoria del Islam andalusí, por entonces ya sin un poder político que lo representara. Prescinde Guillén Robles de las descabelladas propuestas que llevaban la rota a Sierra Nevada, de las que en el siglo XVI se hace eco Ginés Pérez de Hita 8.

Desgraciadamente, las dificultades para la correcta ubicación se acrecientan en un hecho como éste, en el que el registro arqueológico es prácticamente inexistente a causa de la precariedad del fuerte que los mudéjares construyeron apresuradamente, pues en aquellas alturas sólo las piedras o bloques de peridotitas y los troncos de los árboles pudieron servir, de una manera improvisada y desesperada, para la última posición defensiva de aquellos rebeldes.

Los cronistas nos hablan de topónimos, que  a veces se repiten o se contradicen, aunque de todos ellos se deducen dos certezas: primero, y en lo que respecta al lugar último de la resistencia, éste no pudo estar sino en la zona más al sur, o suroeste, de Sierra Bermeja; segundo, dentro de esta delimitación, podemos afinar en un perímetro que nos ofrecería dos nuevas opciones, una la que contempla la situación de los "campos" de las tropas de ambos bandos en las faldas occidentales de Los Reales, sector del valle del Almarchal, o también cerca del Puerto del Chaparral, en el alto valle del Monarda.

Dibujo del sector S-SE de Sierra Bermeja
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Fuente: José Antonio Castillo Rodríguez

El presente trabajo pretende aportar a la investigación un acercamiento algo más preciso al lugar de los hechos, realizada desde una exhaustiva información geográfica a partir de los datos que los cronistas de la época ofrecen (la única información disponible hasta hoy), con el estudio e identificación de algunos topónimos que aparecen en dichas crónicas y que se conservan en la actualidad, y un trabajo de campo que nos ha llevado en etapas sucesivas a plantear, desde la lógica de los hechos, el posible lugar de la batalla, atendiendo tanto a los elementos de la toponimia ya citados, de la topografía, la posibilidad de aprovisionamiento de agua, la cubierta vegetal, etc....

EL ESTUDIO DEL TOPÓNIMO A PARTIR DE LA NISBA AL-QALALŪSĪ.

El topónimo Calaluz no se había detectado en fuentes árabes hasta que se relacionó con una nisba, al-Qalalūsī, que portaba un célebre granadino del siglo XIII 9. En efecto, de Abū Bakr Muhammad b. Muhammad b. Idrīs b. Mālik b. ‘Abd al-Wāhid b. ‘Abd al-Mālik b. Muhammad b. Sa‘īd b.‘Abd al-Wāhid  b. Ahmad b. Yūsuf al-Qudā‘ī (fallecido en 707/1307) sabemos que era el autor de una obra sobre la gente de Estepona, llamada "al-Durra al-Maknūna fī mahāsin Istibūna" ("La margarita oculta acerca de las excelencias de Estepona", según la traducción de Pons) y que fue un notable astrólogo que teorizaba sobre el paso del tiempo 10. Procedía de Estepona, pues se incluye la referencia de que pertenecía a su "gente" (min ahl Istibūna) o lo que es lo mismo al grupo social de sus "notables". Escribió al menos otras cuatro obras 11: una urŷūza sobre herencias, un tratado para medir el tiempo y dos comentarios de sendas obras, aunque de ninguno de sus libros se conserva manuscrito. Por el contrario, sí se ha preservado su libro sobre métrica árabe (al-Jitām al-mafdūd  ‘an julāsat ‘ilm al-‘arud), objeto de una tesis doctoral en vías de publicación 12, y también su "Libro sobre las propiedades y fabricación de tintas" (Fī l-jawāss wa-san‘at al-amidda), tratado sobre la escritura que fue analizado por Sauvan 13.

Portaba la nisba al-Q.l.lūsī>al-Qalalūsī, bien porque había nacido en esa localidad o comarca, bien porque alguno de sus antepasados llevaba con anterioridad ese gentilicio que simplemente heredó. La sugerente aclaración que Ibn al-Qādī expresa sobre su nacimiento, "nació el año 607/1210 en los alrededores de Estepona (bi-zāhir Istibūna)", nos lleva a pensar que, en efecto, nació en la montaña de Calaluz.

Mapa 1. Delimitación de la zona de operaciones del Calaluz. Itinerarios posibles según las crónicas
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Mapa 1. Delimitación de la zona de operaciones del Calaluz. Itinerarios posibles según las crónicas
Fuente: Virgilio Martínez Enamorado y José Antonio Castillo Rodríguez

En todo caso, es seguro que tal nisba hace referencia a ese lugar de Calaluz, de la Sierra Bermeja e incluido muy posiblemente entre las dependencias administrativas de Estepona. Distintos autores contemporáneos han transcrito la nisba como Qallūsī, como posible gentilicio de Qallūsa/Callosa del Segura 14. Con tan escuetas noticias, podemos asegurar, sin embargo, que estamos ante el gentilicio de Calaluz. Se puede reconstruir con claridad la conformación del topónimo en grafía árabe, cuyo resultado sería Qalalūs. Ya advertimos que la noticia es sumamente sugerente, pues permite argumentar sobre la adscripción administrativa del lugar a la tierra de Estepona (ard Istibūna) 15. Del personaje en cuestión se nos dice que murió en su localidad (balad) en 707/1307. No se aclara si ese balad es Estepona o Calaluz. De tratarse de este último lugar, tendríamos una definición bastante certera de lo que significa la aplicación terminológica de este término de balad a una comarca o área natural no muy extensa poblada por campesinos en pleno ambiente serrano y sin fortaleza por aquel entonces, aunque con una dependencia teórica con respecto a una ciudad relativamente alejada. En todo caso, entendemos que no existía una alquería de Calaluz, sino que la nisba debe hacer referencia a una comarca, a un ámbito geográfico más o menos amplio con el sentido de nāhiya.

Finalmente, en otro orden de cosas, llama la atención el hecho de que estos mudéjares en su desesperación recurran a una defensa numantina no basada en husūn, en fortalezas, que apenas si existían en esta zona. Y esto no es coincidencia porque viene a demostrar, por si queda alguna duda, que este país serrano no era de fortalezas, algo que no es nuevo pues no lo fue nunca desde que al-Andalus era al-Andalus 16. Su última defensa se basó en la ocupación de un cerro muy prominente y en su habilitación como castillo eventual. Pocos husūn había necesitado estos campesinos antes de la llegada de los castellanos.

Descifrar la etimología del enclave no es tarea fácil. Contamos únicamente con una grafía árabe derivada de una nisba que se encuentra sin vocalizar en la edición de la Ihāta de Ibn al-Jatīb: Q.l.lūsī>Qalalūsī, del lugar de Qalalūs. Por su parte, en la edición del Dibāŷ de Ibn Farhūn y en la Bugya de al-Suyūtī figura otra nisba, al-Q.lāw.sī 17, así como en la Ŷadwat al-iqtibās de Ahmad ibn al-Qādī, al-Qālūšī 18, y en la Katība al-kāmina de Ibn al-Jatīb, al-Qalatūsī 19, todas ellas seguro resultado de errores en la transmisión del nombre. La condición repetitiva de buena parte de la historiografía árabe hace muy frecuentes este tipo de errores que se transmiten de un autor a otro sin posibilidad de rectificación.

Una vez descartado que el topónimo tenga que ver con la voz qal‘a= "alcalá, fortaleza" dada la grafía árabe indirecta con la que contamos, como se ha pretendido, lo que viene a corroborar la inutilidad de algunas propuestas toponímicas 20, la primera percepción es que el sufijo /cala-/ pudiera relacionarse con el étimo "Kala’" 21; pero el sentido de "fondeadero, abrigo, orilla, ribera" que tiene no es de fácil aplicación en este contexto de montaña, toda vez que prácticamente sin excepción se trata de un vocablo relacionado generalmente a accidentes marítimos. Parece bastante más plausible que el topónimo contenga la base monosilábica de origen indo- o preindoeuropeo /Kal-/ o /Kala-/ 22, con la que se explican topónimos como Calahorra 23 y Calasparra 24. De aceptarse, su etimología sí cuadraría mucho más con lo que significa un lugar como la montaña de Calaluz, pues describiría en principio una "colonia fortificada o castillo" para pasar después a tener un significado más amplio de "cumbre, peña o lugar elevado" o, simplemente, "piedra" 25.

Mapa 2. Zona del Canalizo en Sierra Bermeja. Posibles direcciones del ataque. Rutas de Ureña, según Reinoso
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Mapap 2. Zona del Canalizo en Sierra Bermeja. Posibles direcciones del ataque. Rutas de Ureña, según Reinoso.
Fuente: Virgilio Martínez Enamorado y Jose Antonio Castillo Rodríguez.

Ahora bien, dicho todo esto, no descartamos la posibilidad de que se trate de un topónimo de origen beréber, pues, aunque no hemos podido establecer su raíz tamazighe, resulta muy sospechosa su conformación, con una "qāf" inicial que puede responder a la habitual transcripción de la /g/ tamazighe. No hace falta insistir sobre la presencia de clanes beréberes en la Serranía de Ronda, que conformaron desde los primeros tiempos de al-Andalus una cora (la de Tākurunnā) caracterizada por la abrumadora mayoría beréber 26

El lugar es citado repetidamente después de la rota 27, porque, como se ha dicho, "el recuerdo de la matanza sobrevive al paso de las generaciones" 28. Las exigencias para que se haga efectivo su control mediante un acuartelamiento en los años 60 y 70 del siglo XVI demuestran la escasa cicatrización entre los descendientes de los castellanos de la herida abierta por el acontecimiento allí sucedido de 1501, como Ginés Pérez de Hita se encarga de describir:

El Duque [de Arcos, Don Luis Ponce de León] lo trató con ellos y algunos halló a su voluntad, de modo que todos fueron reducidos a lo que antes solían ser, sino fuera por un Moro de coraçón animoso, que les dio por consejo que no rindiesen las voluntades, sino que lo que avían començado saliesen con ello, y a esta causa los Moros, obstinados en su rebelión, tomaron las armas, y assí le convino al Duque de Arcos salir con mano armada contra ellos, y lo primero que hizo fue visitar los sitios de Sierra Bermeja, porque los moros no hiziesen allí algunos alojamientos fuertes, y entrando por ella se les renovó a los Christianos la vengança que eran obligados a hazer por sus passados viendo por aquella sierra gran cantidad de calaveras de hombres muertos y grandiosamente y cabeças de caballos del tiempo que Don Alonso de Aguilar fue allí muerto y el de Ureña desvaratado, y junto con esto muchos pedaços de armas, cuchillas de lanças; todo lo qual puso en los Christianos un inflamado desseo y crecido corage de vengança, y llegando a lo alto, a donde el famoso Don Alonso fue muerto, que era al pie de unos peñascos, en un llano muy pequeño que allí se hazía, a donde estava una Cruz, y en las vivas peñas una letra que dezía, en castellano, desta suerte:

"Aquí murió el de Aguilar,
Don Alonso intitulado,
De moros sobrepujado,
Siendo él sólo en pelear."

Estos versos declaran la verdad del caso de la muerte de Don Alonso, porque al tiempo que andava la batalla y los Moros en gran muchedumbre pusieron en fuga a los Christianos, matándolos e hiriéndolos a su salvo, el buen Don Alonso de Aguilar se halló sólo, desamparado de los suyos, y viendo que allí no avía más remedio que morir, tomando por abrigo aquellas altas peñas para tener las espaldas seguras, mostró su gran valor matando por su propia mano más de cincuenta Moros de los que atrevidamente osaron a acercarse a él. Entonces, advirtiendo los Moros que tanto se defendía y que no se le podía entrar sin peligro, mudaron las armas para ofenderle y á pedradas le mataron. Y lo que dize Rufo, que murió peleando cuerpo a cuerpo con el Capitán Moro llamado Ferri es falso, pues no era tan corto el valor de Don Alonso que por esforçado que fuese un Moro le rindiera y matar. Esta batalla ya lo dejó yo escrita en la primera parte desta Historia y la puse assí como pasó" 29.

Aunque este cronista no menciona el lugar de Calaluz, la vívida relación de los acontecimientos sucedidos años antes viene a demostrar además que en esas fechas de finales del siglo XVI, durante la revuelta morisca, se sabía con absoluta certeza cual fue el escenario preciso de los acontecimientos.

Cabecera del Arroyo Monarda.
Fotografía: Javier Porras
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Cabecera del Arroyo Monarda.
Fotografía: Javier Porras
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A finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII es seguro que se mantenía el nombre de lugar, pues así se certifica a partir del estudio de la documentación citada. Su posterior transformación, de Calaluz/Calalus a Canalizo, obedece a una clara vulgarización por parte de las gentes de la comarca: la disimilación del primer fonema /l/ convertido en /n/, la conversión de la vocal /u/ en /i/ y el añadido de la /o/ final sólo pueden ser entendidos en la dirección de hacer calofónico al castellano un étimo exógeno, de proceder simplemente a su castellanización, aunque tardíamente  (es posible que en la segunda mitad del siglo XVII o a lo largo del siglo XVIII pues parece claro, como se ha dicho, que a finales del XVI se mantenían indistintamente las formas Calalus y Calaluz). El resultado final con el que es conocido en la actualidad muestra una interferencia con aquellos étimos derivados de la voz "canal".

DELIMITACIÓN DE LA ROTA. UNA APORTACIÓN DESDE EL ANÁLISIS GEOGRÁFICO.

En principio, damos por sentado que el lugar de los hechos ha de situarse en lo más intrincado de Sierra Bermeja suroccidental, montañas en las que coinciden todos los cronistas, aunque cercano al Havaral, esto es, la zona norte del Valle del Genal, que siempre según los historiadores es la zona de donde provienen la mayoría de los mudéjares sublevados, con los que pudiesen haberse agregado de las distintas qurà  (plural de qarya, "alquería") del Bajo Genal o de las de la tierra de Marbella (Véase mapa nº 1).

El camino natural desde esta parte de la Serranía hasta las tierras del Señorío de Casares, que desde ahora constituirá nuestra primera aproximación geográfica, no es otro que el que bordea las laderas occidentales del monte Jardón o Haldón, y que superando su cordal por el Puerto de los Arrecidos, que aparece con este mismo nombre en la crónica de Reinoso, llega hasta el Cerro del Corcito, o de La Fuente del Corcito, y viene a desembocar en el hoy denominado Puerto del Chaparral.

Llegados a este punto, al suroeste se eleva la montaña del Canalizo, en forma de una doble loma alargada y un tanto aplanada, de pendientes acusadas y gran espesura de pinos negrales, alturas desde las que es posible el dominio del Valle del Monarda, al oeste, y por lo tanto de gran parte del Bajo Genal, mientras que por el sur y SE las laderas caen hacia los tributarios del río Guadalmansa, que es el camino natural para llegar al mar Véase mapa nº 2).

Vista Sur de Sierra Bermeja
Fotografía: Javier Martos
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Sierra Bermeja desde el mirador de Peñas Blancas (Casares)
Fotografía: Javier Martos
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Estamos en un territorio muy quebrado e inhóspito, frío y pobre si atendemos a su posible explotación agraria, inaccesible y escondido en lo más accidentado de esta serranía. La zona que hemos delimitado se compone esencialmente de peridotitas, subtipo lerzholitas, que contactan bajo el Canalizo con una banda metamórfica de gneises alpujárrides, de edad pretriásica. Las primeras dan lugar a un relieve de laderas abruptas, aunque poco consolidadas por la desagregación de la roca a causa de una intensa meteorización y de los fuertes contrastes térmicos que se acusan en aquellas alturas, por encima de los 1.100 metros en su conjunto. 30 En este sentido, los sublevados tuvieron más que suficiente material para realizar su efímera fortificación, y desde luego para proveerse de proyectiles de gran tamaño que rodarían fácilmente por aquellas pendientes.

Este tipo de roca es, además, de substrato muy tóxico para los cultivos, de ahí la inexistencia de lugares poblados en sus cercanías, salvo el citado lugar de Monarda, sobre los gneises: Sierra Bermeja, denominada al parecer en época tardo-andalusí con la sintomática construcción sintáctica de Ŷabal al-Ahmar 31 y que en crónicas más tempranas se llamaba Jandaq al-Ŷanna 32, la primera de las denominaciones clara alusión a sus peridotitas, era y es un vasto desierto humano, aunque no natural, de más de 350 Km2: ¿dónde hallar una montaña refugio más favorable que ésta?.

Las inmediatas laderas y colinas de los gneises presentan formas más redondeadas y suaves, pero los arroyos se entallan y las excavan con suma facilidad, tanto por la velocidad de abrasión de las nutridas aguas invernales, como por la propia naturaleza de la roca, formándose esas gargantas o gollizos de los que hablan las crónicas 33.

Las precipitaciones son muy intensas desde otoño a junio, con cifras superiores a los 1.300 y hasta 1.500 mm, a las que habría que añadir los efectos humidificadores de la criptoprecipitación de los levantes, cuantificados en unos 500 mm más. Estas precipitaciones, en su conjunto, propician la existencia de algunos acuíferos que albergan las peridotitas, con muy frecuentes manantiales y arroyos que corren la mayor parte del año, y desde luego en la época en que ocurrieron los hechos: fueron imprescindibles para dar de beber a tan nutrida población de huidos y a los ganados que éstos debieron llevarse consigo 34. La abundancia de las lluvias y unas temperaturas no excesivamente frías en invierno, en torno a los 6º C de media en enero, y agradables en verano, unos 22º C de media, dan lugar una extraordinaria cubierta vegetal que se ha adaptado muy bien a este suelo tan poco apto, en forma de un frondoso bosque de pinos negrales (Pinus pinaster), con un abundante matorral de coscoja (Quercus coccifera), madroños (Arbutus unedo) y jarales y aulagares en los claros. 35 No es de extrañar que el actual pinsapar (Abies pinsapo) sobre las peridotitas de Los Reales, en término de Genalguacil, se extendiera en aquellos días por todas estas lomas, como se desprende del mapa potencial que ofrecen Asensi-Díez y Rivas Martínez en su cartografía sobre la vegetación de España 36.

Así pues, inaccesibilidad y pendientes con elevados gradientes, vista y dominio general del entorno y posible salida al mar, su esperanza última, facilidad de aprovisionamiento de agua, como queda demostrado por algún pasaje documental posterior a los hechos relatados que incluimos en este trabajo 37, espesura en la que esconderse y con la que alimentar sus ganados, tales parecen ser los elementos en que estos andalusíes se apoyan para resistir.

EL LUGAR DE LA FORTIFICACIÓN E ITINERIOS POSIBLES DE LA EXPEDICIÓN CRISTIANA.

Ladera del Jarón desde el Alto Genal
Fotografía: Javier Porras
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Ladera del Jarón desde el Alto Genal
Fotografía: Javier Porras
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De los itinerarios y descripciones de los prosistas se desprenden algunos hechos que nos han hecho sospechar en el posible lugar, o lugares donde se llevó a cabo la batalla. En una carta al clavero de Calatrava con noticias de la rota, un anónimo escribe: "...tomó la vya que aviamos llevado y paso delante de la alcarya en una sierra redonda donde venia a dar la loma de las peñas por donde subimos..." 38.

Una "alcarya", una "sierra redonda"... La primera puede ser Genalguacil, en cuyo caso la altura puede estar refiriéndose al Anícola o el Porrejón, que son sierras evidentemente redondeadas. Pero podrían más bien tratarse igualmente del lugar de  Monarda, en cuyo caso hablamos del Canalizo.

Los capitanes de la milicia de Carmona, por su parte, escriben a su concejo sobre el itinerario de las tropas: el 28 de febrero en el real de Alhendín (¿?) 39, el 9 de marzo en Monarda, el 13 en el real de "Almachar", que son los topónimos repetidos con más frecuencia.

Cuando Juan de Escalante va a pactar con los moros sobre la devolución de los cuerpos de los fallecidos en el combate, habla explícitamente de cruzar un río que está entre "Almachar y el real", lo que desvía considerablemente el lugar de nuestra investigación, pues entonces tendríamos que pensar más bien en el arroyo del Estercal o sus inmediaciones. Escalante no cita ningún topónimo del tipo "alcaria", salvo Xúscar (Júzcar), que es nombrado como lugar de nacimiento de un moro que ellos quieren rescatar a cambio de los cadáveres de los cristianos, hecho que no es pertinente a nuestro propósito.

El resto de las crónicas refieren distintos itinerarios, siempre de Sierra Bermeja, sin precisar mucho más, salvo las dos que siguen, la de Bernáldez y Reinoso y Malo. Serán éstas las que nos lleven con una mayor precisión al posible emplazamiento del Calaluz, por cuanto en ellas se dan o citan el mayor número de topónimos, todos ellos identificados y con continuidad en nuestros días.

A partir de éstos, encontramos una delimitación bastante más precisa, acrecentada desde la lógica de una huida que les habría de procurar tanto un buen refugio, como un punto de partida para llegar al mar. Un lugar nos seduce tras la lectura detallada de las crónicas. Estaría cerca de la alquería de Monarda, identificada con el sitio exacto que marcan una serie de explotaciones a ambos lados del arroyo del mismo nombre:

" e fizose un gran real de gente, que se asentó cerca de Monarda, al pie de lo alto e mas fuerte de toda la Sierra Bermeja, un grand arroyo e un grand gollizo e espesura en medio del real e de los moros e sierra..." 40.

El gran arroyo es el de Monarda, que corre al pie de la alquería citada, o tal vez el cercano Monardilla, en el que desemboca. Ambos están no cerca de lo más alto, el pico de Los Reales, pero sí bajo una elevación del cordal de Sierra Bermeja: de SO a NE, Los Reales, Porrejón, Anícola y Canalizo, los lugares más apropiados para la defensa. En este arroyo existe igualmente una especie de desfiladero o gollizo, justo al pie de la alquería, y una gran espesura de pinos, como sabemos, donde estarían los mudéjares.

La Resinera y la cuenca del Guadalmansa desde el Cerro del Canalizo (Sierra Bermeja)
Fotografía: Javier Martos
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Desde el Cerro del Canalizo (Sierra Bermeja)
Fotografía: Javier Martos

Si atendemos ahora a la expedición cristiana, la descripción más precisa del itinerario, o itinerarios, es la de Reinoso y Malo, que divide las tropas en dos cuerpos de ejército que, al parecer, salen de Ronda. No hemos identificado el topónimo "Toril de la Alhamilla", que es el punto de partida, siempre  según Reinoso. Atravesó don Alonso de Aguilar la garganta, esto es el río Genal que aquí camina bastante encajado, o tal vez el Monardilla,  y por encima de Genalguacil subió a la sierra hasta la loma de la Campana, cerro que hemos identificado y que se encuentra justamente al NE del cerro de Umbría, en las cercanías del arroyo del Estercal, formando una especie de llanada poblada de alcornoques, que constituye el interfluvio de este arroyo con la corriente de Las Aguzaderas y el Alto  Monardilla. Desde esta especie de llanada se alcanza fácilmente la zona de la alquería de Monarda, y del arroyo del mismo nombre, al oeste del Canalizo y muy cerca del Puerto del Chaparral, que debió constituirse como un punto de encuentro con los hombres de Ureña.

El conde subiría (¿desde Pujerra?) quizás por Jubrique, topónimo que no aparece en crónica alguna al estar muy posiblemente deshabitado en este momento, hasta el alto Guadarín, alcanzando la Fuente del Corcito, lugar identificado bajo el cerro de ese mismo nombre, que hasta hace pocas décadas era aún refrigerio de trujimanes y arrieros que subían hasta la divisoria de aguas para ir a la Costa por esa misma vereda, y cruzó dicha divisoria por el Puerto de los Arrecidos, nombre igualmente conservado hasta nuestros días, al suroeste del Jardón, y de allí bajaría al Puerto del Arteza, que se encuentra, según los mapas consultados, al sur del Anícola, lo cual nos induce  a pensar que Ureña entró por la retaguardia de los rebeldes mudéjares, y que en la vaguada entre el Canalizo (montaña de Calaluz) y la loma de Anícola, o en sus inmediaciones, establecería su real, siempre según la descripción de Reinoso 41 (véanse los mapas 1 y 2).

Se coloca, pues,  este real a media legua de Don Alonso, o sea a media hora de camino, algo más de dos kilómetros y medio, y afirma el erudito rondeño que "en sitio muy desviado y seguro del real de los moros...dividíanse los dos con una colina y un valle..." que no pueden ser otros que la vaguada que dibuja el alto Monarda, y alguno de los cerros citados, pues el de Ureña debió colocar  a sus hombres mirando al mar, ya que el propósito de esta columnaera también proteger el flanco sur de Sierra Bermeja, no en vano Don Juan de Silva, conde de Cifuentes, era Señor de Daidín y Benahavís. 42 Así pues, parece deducirse por la crónica de Reinoso que los cristianos tenían en realidad dos reales: uno al pie del arroyo, lo más probable en la ladera derecha, el segundo en las alturas del cordal de la Sierra.

Con todos estos datos, podemos fijar con cierta precisión la ubicación del lugar. Si atendemos al criterio de fijarlo en las inmediaciones de Monarda, lo que es el núcleo principal de la defensa, una especie de espacio amurallado con piedras y troncos, tan abundantes allí, debió estar situado en las inmediaciones del Canalizo, tal vez en la subida del cerro más al este, aunque los moros debían tener otras líneas de fortificación más abajo, en la espesura, y en los rellanos de las abrumadoras pendientes que hemos escalado en nuestro trabajo de campo.

Tampoco se podría descartar que la fortificación estuviera en Anícola o sus alrededores, pero esta hipótesis iría en contra de la crónica de Bernáldez que habla inequívocamente del arroyo de Monarda, que, insistimos, es también el nombre de una qarya plenamente identificada, y que se halla precisamente a dos o tres leguas de la loma de Anícola.

Por las laderas oeste del Canalizo corren hasta tres arroyos subafluentes del Monarda, de los que a buen seguro debieron proveerse los moros y sus ganados, que se situarían en los rellanos, como se desprende la  crónica de Bernáldez:

"...y en la sierra avia algunos trechos llanadas en la ladera, e ellos peleavan e defendianse, e ibanse retrayendo hasta un gran llano, encima de la sierra, que se fazia fuerte en ciertas partes con peñas e espesura, donde tenian el real e las mujeres e los muchachos e las faziendas..." 43.

Es decir, trechos en la ladera donde había levantiscos al acecho o a la defensiva, y un real o fuerte arriba, en un lugar llano, en lo más alto de la Sierra, y no hay lugar más alto, espeso y abrupto cerca de Monarda que el cordal del Canalizo, cuya cima aparece efectivamente un tanto aplanada.

Fue aquí donde, en un principio, podemos sospechar estuvo situada la fortificación:

"Montaña áspera y difícil, de pasos estrechos, rotos en muchas partes y atajados con piedras mampuestas y árboles cortados y atravesados: aparejos de gente proveída..." 44.

La descripción que en el año de 1570 realiza el Duque de Arcos es bastante rigurosa:

"Y para resolver mejor lo que se hubise de hazer en ello me paresçio llevar a Juan d’Espuche a ver este sitio [de Calaluz] y lo vimos muy particularmente y le paresçe muy fuerte como en effecto lo es y que para tener sujetos a muchos lugares desta Sierra Bermeja conviene que V.M. mande no dexallo y hazer alguna cosa alli para la comodidad de los que uvieren destar. Midió con sus pasos CLXX en largo y 40 por lo mas ancho del y apartes muchos menos y en las dos frentes no havra mas de doze  y asi le paresçe que se podra muy bien defender con tresçientos hombres en el tiempo de la nesçesidad y quando no la uviere como aora podra aver muchos menos" 45

Por aquel entonces, su significación estratégica también es destacada de acuerdo a las descripciones que del lugar tenemos, :

"Visto que convenia tomar el sitio de Calaluz como scrivi a V.M. avia dado orden que se fuese a tomar con tresçientso tiradores por que aunque era poco numero de gente nos paresçio a Juan d’Espuche y a mi que aviendo de yr luego por estotra parte a apretar estos moros que podrian estar con siguridad por que no podria venir sobre ellos mucho golpe de gente por que la gente que aviamos de yr a buscallos se les cortava el paso y como esto aora no se puede hazer me a paresçido avisar luego al corregidor de Gibraltar que no enbie la gente que avia de enviar para este effecto por que cesando por aora la entrada que se avia de hazer seria de ynconviniente ponellos alli por que no estarian con la siguridad que conviene asi por ser poco numero de gente por que no aviendo ninguna nuestra en el canpo que se lo defienda les podrian cortar cada dia los pasos para la vitualla y no seria posible sustentarse alli" 46

Puerto del Chaparral desde las Rijanillas.
Fotografía: Javier Martos
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Puerto del Chaparral desde las Rijanillas.
Fotografía: Javier Martos
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En nuestra visita a aquellas alturas pudimos observar, subiendo por la cara más oriental, una especie de rellano con una serie de bloques de peridotitas dispuestas allí de manera natural, que bien pudieron haber servido de contrafuerte a un posible ataque desde el Puerto del Chaparral. Ahora bien, la pendiente es muy acusada para subir hasta este cordal del Canalizo y la espesura harto impenetrable en algunos lugares. Sólo desde el Chaparral se puede subir no sin dificultad, siendo este sector posiblemente el más idóneo para un ataque de hombres con armas, lo que nos induce a pensar también la tremenda dificultad para establecer mucho más arriba una fortificación a la que debieron subir mujeres, ancianos y niños, con enseres, animales, ropas de abrigo... algo que se nos muestra como imposible desde el punto de vista de la pura logística.

Podemos pensar, más bien, que la fortificación general, el "real de los moros", estuviese en alguno de los puertos citados, en la cabecera de algún arroyo, que bien podría ser alguno de los afluentes del Monarda, y que los musulmanes más aguerridos y capaces estuviesen fortificados más arriba, hecho que podría explicar lo que se cita en las crónicas acerca del saqueo del real de las "mugeres e los muchachos e faciendas", y el posterior contraataque desde la altura.

No es, pues, fácil identificar con exactitud el lugar de la rota, aunque se puede fijar en el perímetro que nosotros hemos señalado. En nuestra investigación visitamos de manera exhaustiva el lugar de Monarda, en el que pudimos ver los restos de calles empedradas, alguna casa en ruinas y un enorme montón de piedras y sillares acumulados en la cara oeste del poblado, a todas luces puestos allí posteriormente por los campesinos para poder cultivar las terrazas y la explanada central. También existen los restos de un caz, de un qanat andalusí que distribuiría el agua por este agrosistema y asentamiento desde el vecino arroyo del mismo nombre que, ya hemos dicho, corre muy encajado, en un gollizo, al oeste de esta alquería.

No es descabellado pensar que los sublevados se situasen en un principio en esta aldea, la más elevada y recóndita de toda Sierra Bermeja, donde existe abundancia de agua, y donde aún son visibles las terrazas y elementos de un productivo agrosistema de regadío y de árboles frutales de secano, justo en el límite de las inhóspitas peridotitas, a donde finalmente irían, muy bien provistos, estos moros desesperados a establecer su última defensa. Si hacemos caso a Bernáldez, y seguimos la ruta de Reinoso, es claro que los refugiados del Havaral y de las alquerías del Bajo Genal no encontrarían otro lugar más favorable que éste. Un lugar desde el que dominar los accesos  tanto de las milicias que llegaran desde el valle, como de las que pudiesen acceder desde las tierras del señorío de Cifuentes (mapas 1 y 2). Un lugar muy conocido por ellos, del que podrían obtener múltiples ventajas de orden estratégico sobre unas milicias inexpertas en un combate que tuvo todas las características de guerrilla, y que supuso la última de las victorias del Islam en la Península Ibérica, una victoria pírrica, desesperada, que les dio al menos la posibilidad de una retirada o rendición honrosa, a la que se prestó, con su habitual astucia maquiavélica, el Rey Católico. Lo que después vino es sumamente conocido. En cualquier caso, este acontecimiento significa la última victoria de musulmanes en un país, al-Andalus, cuyos habitantes, muchos de ellos modestos labriegos, estaban, tras la definitiva desaparición política con la toma de Granada, a un paso de convertirse simplemente en historia.

NOTAS

Este artículo aparece publicado, junto a otros, en un libro del que son coordinadores los autores de este trabajo, titulado "El fin de Al-Andalus en la Serranía de Ronda", publicado en 2007 por la Editorial La Serranía en coloaboración con la Real Maestranza de Caballería de Ronda.

(1) El Trabajo de Campo para la identificación del Cerro del Canalizo fue realizado en distintas campañas de reconocimiento del terreno por Francisco Guerrero Viñas, Andrés Mena, Francisco José Castillo Gil, Ángel Arturo Martínez García, José Antonio Castillo Rodríguez y Virgilio Martínez Enamorado.

(2) J. E. López de Coca Castañer, "La ‘conversión general’ en el Obispado de Málaga", Chronica Nova, 21 (1993-1994), pags. 206 y 208-209.
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(3) Por ejemplo, M. A. Ladero Quesada, Granada. Historia de un país islámico (1232-1571), 2ª ed. revisada, Madrid, 1979, págs., 212-213.
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(4) M. Acién Almansa, Ronda y su Serranía en tiempos de los Reyes Católicos, 3 vols., Málaga, 1979, vol. I, pág. 359.
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(5) Sobre esta batalla y sobre la identificación del lugar, J. Vallvé Bermejo, "Cuatro topónimos andaluces", Estudios Árabes dedicados a D. Luis Seco de Lucena (En el XXV Aniversario de su muerte), ed. C. Castillo, I. Cortés Peña y J. P. Monferrer Sala, Granada, 1999, pág. 245; V. Martínez Enamorado, Al-Andalus desde la periferia. La formación de una sociedad musulmana en tierras malagueñas (siglos VIII-X), Málaga, 2003, págs. 419-420.
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(6) J. E. López de Coca Castañer, "La ‘conversión general’...", pág. 209.
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(7) F. Guillén Robles, Historia de Málaga y su provincia, Málaga, 1874, pág. 443: "El conde de Ureña y D. Alonso de Aguilar recibieron orden de reducir la Serranía; unieronse a ellos el conde de Cifuentes, el de Viera y la milicia de Jerez, que formaron una hueste no muy pequeña, la cual asentó sus reales al pie de Sierra Bermeja en un lugar llamado Calaluí, a orillas de un arroyo".
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(8) G. Pérez de Hita, Historia de los Bandos de Zegríes y Abencerrajes (Primera Parte de las Guerras Civiles de Granada), ed. P. Blanchard-Demouge, Madrid, 1913; ed. facsímil con est. preliminar de P. Correa, Granada, 1999, págs. 308-310.
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(9) V. Martínez Enamorado, Al-Andalus desde la periferia..., pág. 420.
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(10) Ibn al-Jatīb, al-Ihāta fī ajbār Garnāta, ed. Muhammad ‘Abd Allāh ‘Inān, vol. III, El Cairo,  1975, pág. 75; Ibn al-Jatīb, al-Katība al-kāmina fī man laqīnā-hu bi-l-Andalus min šu‘arā’ al-mi’a al-tāmina, ed. Ihsān ‘Abbās, Beirut, 1963, pág. 72; Ibn Farhūn, Kitāb al-dibāŷ al-mudhab fī ma‘rifat a‘yān ‘ulamā’ al-madhab, ed. Beirut, s.d., págs. 301-302; Ibn Haŷar, al-Durar al-kāmina fī a‘yān al-mi’a al-tāmina, ed. Muhammad al-Haqq, El Cairo, 1966, IV, pág.  287, nº 4316; al-Suyūtī, Bugyat al-wu‘āt fī tabaqāt al-lugawiyyīn wa-l-naŷāt, ed. Muhammad Abū l-Fadl Ibrāhīm, 2 vols., El Cairo, 1979, 2ª ed., pág. 220, nº 397; Ibn al-Qādī, Ŷadwat al-iqtibās fī dikr man halla min al-a‘lām madīna Fās, 2 vols., Rabat, 1973, I, págs. 150 y 288, nº 296.
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(11) Sobre este personaje y sus obras: Casiri, Bibliotheca arabico-hispana-escurilensis, Madrid, 1760-1770, II, pág. 83; F. Pons Boigues, Ensayo bio-bibliográfico sobre los historiadores y geógrafos arábigo-españoles, Madrid, 1898, pág. 315, nº 266; J. Zirikli,, al-A‘lām. Qāmūs tarāŷim li-ašhar al-riŷāl wa-l-nisā’ min al-‘arab wa-l-musta‘rabīn wa-l-mustašriqīn, 8 vols., 3ª ed., Beirut, 1969, VII, pág. 33; C. Brockelmann, Geschichte der Arabischen Litteratur, 5 vols, Leiden, 1943-1948, II, pág. 336; y, sobre todo, Mª. J. Viguera Molins, "Sobre documentos árabes granadinos", en C. del Moral (ed.), En el epílogo del Islam andalusí: la Granada del siglo XV, Granada, 2002, págs. 129-132, quien recoge con detalle toda esta bibliografía.
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(12) Tesis de H al-‘Abbādī, dirigida por M. Charouti Hasnaoui, según Mª. J. Viguera Molins, "Sobre documentos árabes granadinos", pág. 131.
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(13) Y. Sauvan, "Un traité à l’usage des scribes à l’époque nasride », en F. Deroche (ed.), Les manuscrits du Moyen-Orient. Essais de Codicologie et de Paléographie. Actes du Colloque d’Istanbul (1986), Estanbul-París, 1989, págs. 49-50, citado por Mª. J. Viguera Molins, "Sobre documentos árabes granadinos", págs. 127 y 131-132.
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(14) Casiri y F. Pons Boigues introducen la forma El Kallosí, que mantienen autores posteriores como, entre otros, M. Marín, "Ciencia, enseñanza y cultura en la ciudad islámica", en Simposio Internacional sobre La ciudad islámica. Ponencias y Comunicaciones, Zaragoza, 1991, pág. 124 "al-Qallūsī", M. Cruz Hernández, El Islam de al-Andalus. Historia y estructura de su realidad social, Madrid, 1996, págs. 415-416, "al-Qalusī" o Mª J. Viguera, "Sobre documentos árabes granadinos", "al-Qallūsī".
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(15) V. Martínez Enamorado, Al-Andalus desde la periferia..., pág.  420.
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(16) Así lo hemos defendido reiteradamente en V. Martínez Enamorado, Al-Andalus desde la periferia...
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(17)   Ibn Farhūn, Dibāŷ, pág. 301 y al-Suyūtī, Bugyat al-wu‘āt, pág. 220, nº 397: "Muhammad b. Muhammad b. Idrīs b. Mālik b. ‘Abd al-Wāhid de la gente de Estepona (min ahl Istibūna), de kunya Abū Bakr y conocido por al-Qalāwasī".
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(18) Ahmad Ibn al-Qādī, Ŷadwat al-iqtibās, I, pág. 288, nº 296: "Muhammad b. Muhammad b. Idrīs b. Mālik b. ‘Abd al-Wāhid b. ‘Abd al-Mālik b. Muhammad b. Sa‘īd b.‘Abd al-Wāhid  b. Ahmad b. Yūsuf al-Qudā‘ī al-Qālūšī"
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(19) Ibn al-Jatīb, Katība al-Kāmina, pág. 61, nº 21: "al-Šayj al-muqrī’ Abū ‘Abd Allāh Muhammad b. Muhammad b. Idrīs al-Qalatūsī de Estepona (min Istbūna)".
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(20) Véase el mapa de M. Acién Almansa, "Recientes estudios sobre arqueología andalusí en el sur de al-Andalus", Aragón en la Edad Media, 9 (1991), págs. 355-370.
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(21) E. Pezzi, "Aportaciones árabes en el arte de navegar: voces naúticas de origen árabe", Cuadernos de Estudios Medievales, XIV-XV (1988), pág. 83, n. 32.
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(22) Mª D. Gordon Peral, Toponimia sevillana. Ribera, Sierra y Aljarafe, Sevilla, 1991, págs., 418-421.
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(23) F. J. Simonet, Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes, 2 vols., Madrid, 1888, vol. I, pág. 72, s.v. "Calahorra"; E. Terés Sádaba y Mª J. Viguera Molins, "Sobre las calahorras", Al-Qantara, II (1981), págs. 265-275.
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(24) V. Martínez Enamorado, Al-Andalus desde la periferia...,. pág. 257.
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(25) Mª D. Gordon Peral, Toponimia sevillana..., pág. 419.
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(26) V. Martínez Enamorado, Al-Andalus desde la periferia..., págs. 385-396 y 458-473.
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(27) Archivo Histórico Nacional (a patir de ahora A.H.N.), Osuna, "Carta del Duque de Arcos a Felipe II sobre los preparativos para sacar los moriscos reducidos y poner presidios", leg. 1.635; R. Benítez Sánchez-Blanco, Moriscos y cristianos en el condado de Casares, Córdoba, 1982, doc. 15, págs. 301-304 ("sitio de Calalus"), doc. 17, págs. 307-309 ("sitio de Calaluz"), doc. 18, págs. 310-311 ("sitio de Calaluz"), doc. 20, págs. 315-317 ("sitio de Calaluz", "Calalus"), doc. 29, págs. 332-334 ("el Calaluz"), doc. 35, págs. 343-346 ("el Calaluz").
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(28) J. E. López de Coca Castañer, "La ‘conversión general’...", pág. 211.
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(29) Ginés Pérez de Hita, La Guerra de los Moriscos (Segunda Parte de las Guerras Civiles de Granada), ed. de con introd. de P. Blanchard-Demouge, Madrid, 1915; ed. facsímil con est. preliminar de J. Gil Sanjuán, Granada, 1998, págs.314-315.
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(30) J. A. Castillo Rodríguez, El Valle del Genal: paisajes, usos y formas de vida campesina, Málaga, 2002, pág. 28.
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(31) Con claridad lo expresa D. Hurtado de Mendoza, De la Guerra de Granada, Madrid, 1948, pág. 179: "En el entretanto que la gente se juntaba, le vino voluntad de ver y reconocer el fuerte de Calalui en Sierra Bermeja, que los moros llaman Gebelalhamar, a donde en tiempos pasados se perdieron don Alonso de Aguilar y el conde Ureña".  
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(32) V. Martínez Enamorado, Al-Andalus desde la periferia..., pág. 35.
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(33) J. A. Castillo Rodríguez, El Valle del Genal..., pág. 28.
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(34) Los mudéjares se llevaron ganado de la tierra de Marbella y Ronda, como las quinientas vacas propiedad del marbellí Juan de Sagarraga, según indica J. E. López de Coca Castañer, "La ‘conversión general’....", pág., 205.
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(35) J. A. Castillo Rodríguez, El Valle del Genal...., pág 34.
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(36) A. V. Pérez Latorre y B. Cabezudo,"Datos sobre la flora y vegetación de la Serranía de Ronda (Málaga, España)", Acta Botánica Malacitana, 23 (1998), págs. 149-151; A. Asensi Marfil y B. Díez Garretas, Andalucía Occidental, en Rivas Martínez (ed.),Memoria del Mapa de Vegetación de España.
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(37) De hecho, se plantea la construcción de una "torrecilla" para asegurar ese suministro: "El agua que alli ay es en dos o tres partes pero la que viene mas a quenta para la gente que a de aver es una que esta a la parte de levante en la ladera de la sierra que se puede alcançar muy bien con un arcabuz desde el fuerte a ella y para su seguridad dize Juan d’Espuche que le parece que convernia hazer alguna torrecilla alli donde estuviesen algunos soldados de los del fuerte en tiempo de sospecha"; A.H.N., Osuna, leg. 1635, exp. 5/15, "Carta del Duque de Arcos a Felipe II dándole cuenta del plan táctico para la campaña y de la gente que necesita", Ronda, 26 de agosto de 1570; R. Benítez Sánchez-Blanco, Moriscos y cristianos..., págs. 316-317, doc. 20.
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(38) J. E. López de Coca Castañer, "La ‘conversión general’...", pág. 235, doc. 3: Marzo de 1501, "Carta al clavero de Calatrava con noticias sobre la derrota de Sierra Bermeja", AGS, Estado, legajo 1-II, fol. 384.
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(39) Si no es alteración de algún otro nombre de lugar conocido, la presencia de este topónimo nos lleva a pensar en la antigua instalación de un segmento de la tribu yemení de los hamdān (por imāla Hamdīn), al igual que lo que sucedió en la alquería de Alhendín de Granada; sobre este linaje, sigue siendo imprescindible la obra de P. Guichard, Al-Andalus. Estructura antropológica de una sociedad islámica en Occidente, Barcelona, 1976, págs. 309-310, n. 8, 358, n. 272 y 359; asimismo, Mª. C. Jiménez Mata, La Granada islámica. Contribución a su estudio geográfico-político-administrativo a través de la toponimia, Granada, 1990, págs. 199-200.  
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(40) A. Bernáldez, Memorias del reinado de los Reyes Católicos, ed. M. Gómez-Moreno y J. de M. Carriazo,  Madrid,1962, págs. 472-473.
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(41) F. Reinoso y Malo, Antigüedades de Ronda. Diálogos de memorias eruditas para la historia de la nobilísima ciudad de Ronda, según las citas recogidas en el trabajo de P. Sierra de Cózar en esta misma obra.
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(42) J. E. López de Coca Castañer, "La ‘conversión general’...", págs. 207-211.
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(43) A. Bernáldez, Memorias del reinado de los Reyes Católicos, págs. 472-473.
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(44) D. Hurtado de Mendoza, De la guerra de Granada, pág. 179.
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(45) A.H.N., Osuna, leg. 1635, exp. 5/9, 5/10, "Carta del Duque de Arcos a Felipe II notificándole el fracaso de la reducción y los preparativos que hace para le guerra", Casares, 7 de Agosto de 1570; R. Benítez Sánchez-Blanco, Moriscos y cristianos..., pág. 309, doc. 17.
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(46) A.H.N., Osuna, leg. 165¡35, exp. 5/11, 5/12, 5/13 y 5/14, "Carta del Duque de Arcos a Felipe II refiriendo los inconvenientes que supone el enviar la gente que tiene a Don Juan de Austria y atrasar la campaña", Cortes de la Frontera, 10 de Agosto de 1570; R. Benítez Sánchez-Blanco, Moriscos y cristianos..., págs. 310-311, doc. 18.
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Virgilio Martínez Enamorado y José Antonio Castillo Rodríguez (Derechos reservados.)
16/12/2008 ( 2840 visitas )
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Virgilio Martínez Enamorado y José Antonio Castillo Rodríguez

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