La Sierra de la Utrera

El Karst más meridional de Europa.
Al Sur de la provincia de Málaga, en el municipio de Casares, se encuentra la Sierra de la Utrera, última estribación de las sierras béticas internas hacia el suroeste peninsular. Con una altitud máxima rondando los 350 metros sobre el nivel del mar, este espacio posee una gran belleza debido a las formas típicas de un torcal, conjunto calizo de origen jurásico con dinámica kárstica que configura su abrupto relieve. El nombre de la Utrera proviene del topónimo referido al lugar de cría de los buitres (buitrera), o utres nombre usado en el siglo XVI para denominar a tales rapaces necrófagas.
Su protección futura como Paraje Natural supondrá un freno a la actividad minera resulta hoy en día el más serio peligro para la conservación del privilegiado entorno.
Por sus características geológicas y su apariencia fue comparado con el Torcal de Antequera por su gran similitud, si bien el proceso erosivo está algo menos evolucionado en esta pequeña sierra, conservando así un complejo entramado de galerías, simas, cuevas y abrigos que le hacen ser única. Este karst, el más meridional y cálido de Andalucía y, por tanto, de Europa, ha estado tradicionalmente olvidado por los estudiosos de la naturaleza, que dieron importancia a otras zonas que causan gran impresión por sus mayores dimensiones y particularidades. Esos estudiosos y descriptores de la riqueza natural, botánicos, cazadores y viajeros románticos de los siglos XVIII y XIX (Boissier, Ceballos, Carter, Chapman...), pasaron de largo por la Sierra de la Utrera, quizá impresionados por los valores magníficos de Sierra Bermeja y la Serranía de Ronda, tan cercanas. No obstante, la Sierra de la Utrera guarda importantes sorpresas para el visitante que gusta de parajes poco frecuentados, con cierto halo de misterio, y con no pocos valores naturales.
¿Cómo llegar?
Se puede acceder a la Sierra de la Utrera desde la CN-340, siguiendo la margen derecha del río Manilva, que es como se le llama allá al Arroyo de la Albarrada o de los Molinos. Se sigue una carretera local en aceptable estado, dada la circulación intensa de camiones que soporta, para abandonarla una vez que ésta deja de seguir al río. Continuamos entonces por un carril terrizo, siempre paralelo al río, que nos lleva hasta los famosos Baños de la Hedionda. Este río se mantiene en buen estado, a pesar de los muchos visitantes que van buscando las curativas aguas del nacimiento de aguas sulfurosas de la Hedionda, ya usadas como terapéuticas en tiempos de la dominación romana y musulmana. Sus márgenes conservan chopos, álamos, sauces, higueras... pobladas de avecillas como los martines pescadores, lavanderas, chochines, papamoscas... y en sus aguas lechosas viven barbos gitanos y galápagos leprosos en pequeñas poblaciones, además de las abundantes ranas verdes, culebras de agua, libélulas...
El Canuto de La Utrera es el elemento más característico de la Sierra de la Utrera, siendo foco de atención para ornitólogos, arqueólogos, escaladores, espeleólogos, fotógrafos de la naturaleza...
El Canuto de La Utrera
Poco antes de los Baños de la Hedionda se encuentra la ermita de San Adolfo y antes hemos debido cruzar el arroyo del Canuto. Es precisamente en este arroyo de donde parte una senda que asciende por el Canuto de la Utrera, impresionante cañón de paredes verticales que fuera propuesto como Monumento Natural hace más de una decena de años, sin que llegara nunca a concretarse, incomprensiblemente, esa declaración de espacio protegido. Este cañón es llamado canuto en la comarca por la estrechez del valle encajonado de un arroyo de curso estacional que, merced a las precipitaciones torrenciales propias de nuestro clima, ha excavado la roca a lo largo de los milenios hasta formar este estrecho pasillo. Es quizá éste el elemento más característico de la Sierra de la Utrera, siendo foco de atención para ornitólogos, arqueólogos, escaladores, espeleólogos, fotógrafos de la naturaleza... Su formación vegetal, un tanto particular, está constituida por un bosquete de ribera a base de algarrobos y acebuches con lentiscos, labiérnagos, jazmines, adelfas, zarzas... donde discurren zorros, turones, currucas, jilgueros... De sus paredones, de 30 a 40 metros de caída vertical, cuelgan higueras, palmitos, espinos... y moran collalbas, roqueros, aviones, águilas y cernícalos.
Dos canutos más, el Canuto Chico y el Canuto de los Molinos, cruzan la sierra más al norte y en el mismo sentido Este-Oeste. Son canutos menos profundos y más estrechos, aunque de perfil más abierto, con vegetación más arbustiva y más intrincada.
Cuando hemos subido el Canuto de la Utrera, llegamos a un manantial en Los Llanos, junto al cauce del arroyo, que permanece todo el año con caudal suficiente para refrescarnos y poder seguir camino. Este lugar, a su vez, puede ser punto inicial para visitar Los Canchos de la Utrera. A esta fuente se puede acceder desde la carretera comarcal MA-539, de Manilva a Casares, tomando un carril que sale a la derecha de ésta en dirección al Cortijo de los Llanos. Una vez dejado atrás este cortijo, nos encontraremos una cancela que deberá quedar cerrada tras de nosotros para evitar que el ganado salga por ella. A escasos metros de la cancela, a la derecha, encontraremos la fuente.
Podemos desviarnos a la derecha, por un carril que sube hacia Los Canchos de la Utrera. Se trata de una meseta interrumpida por las discontinuidades de los canutos. Se sube a Los Canchos por este carril terrizo y encontramos una meseta constituida por un paisaje ruiniforme (muy parecido al Torcal de Antequera), constituido por altas torcas, con formaciones que desafían la ley de la Gravedad, con rocas guardando un prodigioso equilibrio en las llamadas piedras caballeras. Entre las torcas, las depresiones llanas, llamadas dolinas, fueron usadas en el antiguo poblamiento de Villavieja, ciudad ibérica, para asentar construcciones, eras, apriscos para el ganado... Aún podemos encontrar restos de este asentamiento con muros de piedra seca. Asimismo, estos Canchos podemos están horadados por pozos y simas entre las rocas, con desniveles de hasta 90 metros de profundidad, como la Sima de los Baños. Esta profusión de oquedades constituyen un atractivo para los aficionados a la espeleología que encuentran en esta Sierra un magnífico entorno para practicar esta actividad.

La Sierra de la Utrera guarda importantes sorpresas para el visitante que gusta de parajes poco frecuentados, con cierto halo de misterio, y con no pocos valores naturales.
El torcal de la Utrera
Caminar por el torcal puede resultar complicado, ya que no existe una vereda claramente definida dentro del torcal, donde a veces hay que atravesar el matorral denso de lentiscos y acebuches, acompañados por espinos, érguenes, coscojas y sabinas. En otras ocasiones nos veremos obligados a saltar de roca en roca para poder avanzar. Aunque el karst de la Utrera es de pequeñas dimensiones, apenas 500 hectáreas, no es difícil despistarse y perderse en el laberinto de figuras rocosas. Entre esas figuras podemos encontrar formas rocosas que nos estimulan la imaginación y nos hacen ver camellos, osos, indios y un sinfín de tipos más.
Desde esta altura de puede divisar una magnífica panorámica. Al Norte, Casares, Sierra Crestellina, Sierra Bermeja y el Valle del Genal, al Oeste, la Sierra del Aljibe, en Cortes de la Frontera, al Este las tierras albarizas con viñas de Casares y al Sur, Manilva y el mar Mediterráneo a escasos kilómetros.
Desde Los Canchos, una rampa suave, repleta de grietas, pozos, simas, cuevas y abrigos, desciende hasta el río Manilva entre un magnífico matorral de sabinas. En este flanco, el lapiaz, formación del suelo rocoso fractuado, es más abrupto y la vegetación inunda todos los espacios entre las rocas. Son lugares donde cazan las águilas, meloncillos, culebras... y anidan alcaudones, tarabillas, currucas...
El paisaje de este entorno se completa con Los Llanos, al Oeste de la Sierra de la Utrera. En esta zona, se asientan dos cortijos que aprovechan este espacio desde el punto de vista de la explotación agropecuaria. Rodeados por pastizales, en estas fincas se han criado las autóctonas vacas retintas, que pastan al igual que cabras y ovejas, en régimen extensivo, fuera de establo. Cabras y ovejas pastan a su libre albedrío por todo el entorno de la Sierra de la Utrera, sometiendo a la vegetación a una fuerte presión.
Actualmente, el Ayuntamiento de Casares está realizando trabajos para conseguir de una forma definitiva la protección del Karst de la Utrera como Paraje Natural. Esa protección supondría un freno a la actividad minera que supone el más serio peligro para la conservación del privilegiado entorno de la Sierra de la Utrera, además de impulsar su gestión sostenible y productiva.
Felipe Román
(Derechos reservados.)
12/03/2008 ( 247 visitas )
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Sobre el Autor:
Felipe Román
Zoólogo. Miembro de GRUNSBER-Ecologistas en Acción.

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